
Amigos, si alguna vez han tenido la desgracia de encontrarse con una cucaracha mutante, sabrán que la respuesta instintiva es la aniquilación total. Pero hay métodos, y luego está el nivel ‘destrucción nuclear’ empleado recientemente por una mujer en una aldea de Corea del Sur.
La escena es sencilla pero épica: nuestra protagonista, una señora de avanzada edad en una zona rural, se topa con el archienemigo de la humanidad, el bicho que, según dicen, sobrevivirá a todo: una cucaracha. En lugar de usar la chancla reglamentaria o el veneno de rigor, esta mujer decidió que la única solución era el exterminio pirotécnico, demostrando una valentía digna de una película de acción mal planificada.
La estrategia era sencilla: crear un lanzallamas casero. Para ello, cogió un spray (seguramente uno de esos aerosoles que advierten ‘no usar cerca de llamas’) y, con la audacia de un pirómano en prácticas, lo combinó con un mechero. El objetivo era achicharrar al insecto con precisión láser. Lo que no calculó es que la física y los gases inflamables tienen sus propias reglas, y que un lanzallamas improvisado en un entorno doméstico es la receta perfecta para el desastre.
El resultado fue una deflagración o explosión épica que encendió rápidamente la vivienda de la señora. Y como en estas aldeas las casas están pegaditas y, para más inri, el clima era ideal para la propagación de incendios, la cosa se descontroló a una velocidad vertiginosa.
El saldo de esta operación ‘Cucaracha Ardiente’ fue catastrófico. El fuego, lejos de quedarse en un susto o en un simple siniestro doméstico, arrasó ni más ni menos que ocho casas en la comunidad, dejando a sus habitantes con lo puesto y a las autoridades coreanas con cara de póker. Afortunadamente, solo hubo heridos leves debido a la rapidez de las llamas, pero el coste material es incalculable, todo por un bicho que probablemente ya está organizando una revancha con sus primos. La señora, por su parte, está siendo investigada por negligencia. Moraleja: la próxima vez, es mejor llamar a control de plagas o, al menos, invertir en un buen extintor si se tiene planeado iniciar una guerra biológica.
