OpenAI graba una línea de código en siete relojes suizos

Sam Altman encargó siete ejemplares únicos a la relojera Vanguart. En el fondo, bajo el cristal, un condicional de código que aún no se ha cumplido…

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Sam Altman encargó siete ejemplares únicos a la relojera Vanguart. En el fondo, bajo el cristal, un condicional de código que aún no se ha cumplido…

La empresa que promete reinventar el trabajo con inteligencia artificial acaba de regalarle a su cúpula un aparato que no se conecta a nada. Según The Wall Street Journal, Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, encargó a la relojera suiza Vanguart siete relojes mecánicos únicos con la marca de la compañía, y en el fondo de cada uno hay grabada una línea de código: if AGI.aligned: deploy(). Traducido: si la inteligencia artificial general está alineada, despliégala.

Uno sería para el propio Altman; los otros seis, para altos cargos de la casa.

¿Qué lleva grabado el reloj de OpenAI?

El logotipo de OpenAI preside la esfera, calado sobre el mecanismo. Alrededor, en el anillo giratorio con el que el reloj se da cuerda, la misma frase repetida a lo largo del aro: COMPUTE IS DESTINY, «el cómputo es el destino». En la corona, una referencia al scaling, el escalado de modelos. Y en el fondo, bajo el cristal, el condicional que resume la tesis entera de la empresa.

if AGI.aligned: deploy()

Mehmet Koruturk, presidente del consejo y cofundador de Vanguart, explicó al Journal que el diseño refleja la idea de que la inteligencia artificial debe usarse con fines pacíficos.

Esfera calada del reloj Vanguart Orb con el logotipo de OpenAI y la frase COMPUTE IS DESTINY grabada en el anillo que rodea el mecanismo
La esfera del encargo, con el logotipo de OpenAI y el tourbillon a la vista. Foto: © Vanguart.

¿Cuánto cuesta el reloj en el que se basan?

La base es el Orb de Vanguart: 41 milímetros de caja, 10,5 de grosor, 395 piezas en el movimiento, 60 horas de reserva de marcha y un tourbillon volante de un minuto girando a la vista. En titanio de grado 5 cuesta 150.000 francos suizos; en oro rosa, 180.000. Lo que se ha pagado por los siete ejemplares personalizados no se ha hecho público.

Vanguart nació en 2017 y, según el Journal, tiene 33 empleados y ha fabricado menos de 200 relojes en toda su historia; casi un tercio de la plantilla se metió en este encargo. Para calibrar el oficio: el reloj más complejo del mundo reúne 63 complicaciones y tardó once años en construirse.

¿Por qué un reloj mecánico en plena carrera por la IA?

Ahí está el chiste, y no lo hemos puesto nosotros. El tourbillon tiene más de dos siglos a la espalda: se ideó para compensar el efecto de la gravedad sobre la marcha de un reloj de bolsillo. Artesanía pura, sin una sola línea de software dentro, elegida para llevar en la muñeca el lema de la carrera por la AGI.

No es la primera vez. OpenAI ya había encargado 400 relojes Tudor con su logotipo y la frase Good Research Takes Time —«la buena investigación lleva tiempo»— grabada en el fondo; uno de ellos lo enseñó este mes Boris Power, responsable de investigación aplicada. Cuatrocientos para la plantilla, siete para el piso de arriba: la jerarquía del boom de la IA, medida en relojes.

El sector tiene afición a dejar recaditos donde casi nadie mira: aquella orden de no hablar de duendes escondida en las instrucciones de un modelo, o los anuncios pensados para que solo los lean los bots. Este va grabado en titanio y solo lo ve quien se quita el reloj.

De momento el condicional sigue sin ejecutarse: nadie ha declarado que la AGI esté alineada. La máquina, mientras tanto, hace lo único que sabe sin esperar a nada: dar la hora.

Vía The Wall Street Journal, Notebookcheck, Business Today y Xataka. Lo de los Tudor, en este reportaje sobre los relojes de Silicon Valley. Ficha técnica del Orb en Monochrome Watches y The Gentleman’s Journal. Foto de portada y de esfera: © Vanguart, difundidas por el Wall Street Journal.