A qué huele el espacio: frambuesa, ron, soldadura y huevo podrido

Una nube del centro de la Vía Láctea guarda la molécula de la frambuesa y el ron; los astronautas hablan de soldadura y un cometa huele a huevo podrido…

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Una nube del centro de la Vía Láctea guarda la molécula de la frambuesa y el ron; los astronautas hablan de soldadura y un cometa huele a huevo podrido…

Si pudieras meter la nariz en el centro de la galaxia, te llevarías una sorpresa de coctelería. En Sagitario B2, una gigantesca nube de gas y polvo cerca del centro de la Vía Láctea, a unos 26.000-27.000 años luz de la Tierra, hay formiato de etilo: una molécula que contribuye al sabor de la frambuesa y cuyo olor recuerda al ron.

El hallazgo lo anunció en 2009 un equipo internacional de astrónomos, y se hizo desde España: con un radiotelescopio instalado en Sierra Nevada, apuntando hacia el abarrotado corazón de la Vía Láctea.

¿Por qué se dice que el centro de la Vía Láctea sabe a frambuesa?

El estudio lo encabezó el astrónomo Arnaud Belloche, del Instituto Max Planck de Radioastronomía de Bonn, con investigadores de la Universidad Cornell y la Universidad de Colonia, y se presentó en abril de 2009. Usaron el radiotelescopio IRAM de 30 metros del Pico Veleta, en Granada, y encontraron dos moléculas orgánicas que nunca se habían visto en el espacio: el formiato de etilo y el cianuro de n-propilo.

En la Tierra, el formiato de etilo suele formarse cuando el etanol reacciona con el ácido fórmico. La prensa de medio mundo hizo el resto: el centro de la galaxia sabe a frambuesa y huele a ron. El propio Belloche puso el freno en declaraciones a The Guardian:

«Da la casualidad de que da a las frambuesas su sabor, pero hacen falta muchas otras moléculas para hacer frambuesas espaciales».

Traducción: no hay sorbete flotando por ahí. Hay una pieza del puzle, leída a distancia por su huella en ondas de radio, igual que otros telescopios han descifrado un planeta con nubes de sal.

¿A qué huele el espacio según los astronautas?

En el vacío no se puede oler nada, pero los astronautas notan algo al volver de un paseo espacial: un olor que se queda pegado a trajes, cascos y herramientas. Don Pettit, astronauta de la NASA, lo describió en 2003, durante su estancia en la Estación Espacial Internacional, como «metálico; una sensación metálica dulce y bastante agradable». Le recordaba a sus veranos de universidad reparando maquinaria pesada con un soldador de arco.

El alemán Alexander Gerst, de la Agencia Espacial Europea, lo dejó más gráfico: «una mezcla entre nueces y las pastillas de freno de mi moto». Una rareza más de la vida en órbita, donde hay quien incluso hace yoga flotando cada noche.

¿Y a qué huele un cometa?

Mucho peor. En 2014, el instrumento ROSINA de la sonda Rosetta, de la Agencia Espacial Europea (ESA), analizó los gases del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Kathrin Altwegg, investigadora principal del instrumento en la Universidad de Berna, describió su «perfume»:

  • huevos podridos, por el sulfuro de hidrógeno;
  • establo de caballos, por el amoniaco;
  • el olor punzante y asfixiante del formaldehído;
  • un toque amargo a almendra del cianuro de hidrógeno y otro a vinagre del dióxido de azufre.

La buena noticia, según la propia ESA, es que la densidad de esas moléculas es muy baja. Así que el cosmos tiene barra de cócteles en el centro galáctico, taller de soldadura en órbita y cuadra en los cometas. Elige destino.

Vía Instituto Max Planck de Radioastronomía, IFLScience, NASA Ames, Space.com, ESA y La Brújula Verde.

Foto de portada: ESO/APEX & MSX/IPAC/NASA, CC BY 4.0.