Ojos saltones en la nevera: el arte incomprendido que llevó a un joven al juzgado

Ojos saltones en la nevera: el arte incomprendido que llevó a un joven al juzgado
Un joven australiano de 18 años fue acusado de daños a la propiedad por un incidente doméstico de lo más peculiar: pegar ojos saltones en la nevera de su padre. Aunque parezca una broma, el suceso le valió una citación judicial en Perth, destacando cómo hasta las travesuras más inocentes pueden tener consecuencias inesperadas.
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¿Quién no ha soltado alguna vez una carcajada al ver un objeto inanimado de repente ‘cobrar vida’ con un par de ojos saltones? Es el tipo de broma inofensiva que nos arranca una sonrisa, pero para un adolescente de Perth, Australia, este gesto de humor costó bastante más que el precio de unas cuantas pupilas de plástico. La historia de este joven de 18 años ha dado la vuelta al mundo por su peculiaridad, y es que fue acusado formalmente de daños a la propiedad por, ni más ni menos, pegar unos dichosos ojos saltones en la nevera de su propio padre.

Imagínate la escena: llegas a casa, abres la nevera para coger algo fresquito y, ¡zas!, un par de miradas bobaliconas te devuelven el gesto desde la puerta. Unos lo verían como un acto de rebeldía artística minimalista, otros como una simple travesura. Sin embargo, en el suburbio de Stirling, donde tuvo lugar este ‘crimen’, las autoridades lo vieron de otra manera.

La noticia, que ha saltado a la palestra pública en medios como el Daily Mail, señala que el joven fue formalmente acusado y tenía previsto comparecer ante el Tribunal de Magistrados de Joondalup. Sí, has leído bien, un juzgado por unos ojos de plástico. ¿A que te quedas con la boca abierta?

Aunque pueda sonar a chiste (y la verdad es que un poco lo es), la legislación de Australia Occidental se toma muy en serio los daños a la propiedad. Dependiendo del valor del supuesto daño, las penas pueden ir desde multas hasta, en casos extremos, la cárcel. Por supuesto, en este caso parece poco probable que la cosa llegase a tanto por unos ojos saltones, pero la formalidad de la acusación es lo que realmente choca. La policía no ha revelado muchos más detalles sobre el incidente, dejando a la imaginación popular el cómo se llegó a esta surrealista situación. ¿Quizás el pegamento era tan fuerte que arrancó la pintura? ¿O simplemente el padre no tiene sentido del humor para la ‘googly eye art’?

Esta anécdota nos deja pensando en la delgada línea entre una broma casera y un delito, demostrando que a veces, la realidad supera a la ficción de la forma más absurda y con unos cuantos ojos de plástico de por medio.