Hay que reconocer que los legisladores de Ohio tienen una imaginación que quita el hipo. Mientras el resto del mundo se pregunta si la IA nos robará los trabajos o si un chatbot puede escribir un buen soneto, en Ohio han decidido ir un paso más allá y legislar sobre el futuro del amor. ¡Y ojo, que lo han hecho con una seriedad pasmosa!
El meollo del asunto es una propuesta de ley que busca poner un muro infranqueable entre el altar y el circuito integrado. ¿El motivo? Asegurar que el matrimonio, esa sacrosanta institución, quede estrictamente reservado a la unión entre dos seres… humanos. Parece que en Ohio ya se están imaginando un futuro distópico donde la gente se enamora perdidamente de su Alexa mejorada o de un holograma con voz seductora y, claro, había que frenar esto antes de que ocurriera.
La propuesta, impulsada por ciertos representantes visionarios (o quizás simplemente muy paranoicos con las tramas de ciencia ficción), busca actualizar el código del estado para blindar la definición de matrimonio. En esencia, están diciendo: «Si no respiras, no tienes pulso y no tienes que pagar la hipoteca, no puedes casarte aquí». Clarísimo. El objetivo es evitar que se reconozcan legalmente las uniones entre una persona y cualquier entidad que sea artificial, ya sea un algoritmo muy avanzado, un robot sofisticado o incluso un ente digital.
La ironía es deliciosa. Estamos hablando de legislar contra una amenaza que, honestamente, parece sacada de un episodio de ‘Black Mirror’ escrito con prisa. ¿Quién no ha soñado con casarse con un algoritmo que nunca olvida tirar la basura y siempre sabe qué serie de Netflix poner? Pero no, Ohio dice «¡Alto ahí, IA! Este es un club solo para bípedos de carne y hueso, con todas sus imperfecciones y capacidad de roncar a pleno pulmón».
Podríamos pensar que esto es una pérdida de tiempo legislativo, pero quizás deberíamos alabar su proactividad. Mientras el resto del planeta debate la regulación de datos o las implicaciones éticas de la IA, Ohio se está asegurando de que, cuando llegue el apocalipsis robótico, al menos no sea un lío de divorcios con pensión compensatoria digital. De momento, las bodas con tostadoras y asistentes virtuales quedan pospuestas indefinidamente. Los robots tendrán que seguir buscando el amor en los foros de programación, fuera de la jurisdicción de Ohio, por supuesto.




