El mundo del control migratorio a veces roza el surrealismo, y en Minneapolis alcanzaron cotas dignas de una comedia de enredo. Resulta que los agentes de inmigración se han pasado un tiempo interrogando a los detenidos, personas ya de por sí en situaciones complejas, sobre el paradero de una de las figuras más emblemáticas y elusivas de la música: Prince.
Sí, han leído bien. El mismísimo Prince Rogers Nelson, el genio de ‘Purple Rain’. ¿Se imaginan la escena? Un detenido por asuntos migratorios tratando de explicar a un oficial serio que no tiene ni idea de dónde está el artista que vendió millones de discos y vivía en una mansión.
La historia tiene una explicación, aunque no por ello deja de ser tronchante. Los oficiales estaban revisando una lista de «absconders» o personas que han incumplido su cita para una audiencia de deportación. Esta lista, que incluye a gente con órdenes de arresto administrativo, es tratada con toda la seriedad burocrática por los agentes de ICE (Inmigración y Control de Aduanas). El problema es que el nombre legal del cantante, Prince Rogers Nelson, según parece, estaba ahí.
La situación se generó porque, aunque Prince fuera ciudadano estadounidense y una superestrella mundial, una entrada administrativa, errónea o desactualizada, hizo que su nombre figurase en el listado de personas buscadas. Los agentes, siguiendo el manual al pie de la letra, estaban obligados a preguntar por el individuo de la lista, sin importar si era el monarca del funk o un panadero cualquiera.
Imaginemos el ‘briefing’ matinal: «Hoy buscamos a José, María y… bueno, a Prince». Esto nos deja con la imagen mental de un puñado de agentes de inmigración dedicando valiosos recursos a preguntar a migrantes si, por casualidad, tienen línea directa con Paisley Park. Una auténtica joya de la burocracia absurda que demuestra que a veces, la realidad supera a la sátira más afilada y que hasta los ídolos pop pueden ser víctimas de un papeleo kafkiano.




