Noruega y su fondo ético: «Esto de ser bueno es muy complicado»

Noruega y su fondo ético:
Noruega ha suspendido una norma ética clave de su megamillonario fondo soberano de petróleo, el más grande del mundo. ¿El motivo? Consideran "demasiado difícil" predecir si empresas como Shell causarán daño ambiental grave. Ahora, el fondo gestionará la sostenibilidad dialogando con ellas, ante las críticas de grupos ecologistas que ven un cheque en blanco.
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El fondo soberano de Noruega es como el amigo rico y bienintencionado que todos quisiéramos tener, pero que de repente un día se da cuenta de que ser tan «bueno» es… bueno, un poco rollo. Y cuando hablamos de rollo, hablamos de miles de millones de euros en potenciales inversiones que se le escapan. La noticia que nos ocupa viene directamente de 2013, cuando este gigante, el Fondo Global de Pensiones del Gobierno noruego, decidió que las reglas éticas estaban muy bien, pero que a veces eran «demasiado difíciles» de aplicar.

Imagínate la escena: Noruega, un país conocido por su compromiso con el medio ambiente y los derechos humanos, tiene el fondo soberano más grande del mundo. En aquel entonces, estábamos hablando de la friolera de casi 800.000 millones de dólares (sí, casi un billón, si eres de los que cuentan en trillones americanos). Desde 2004, este fondo se había ganado la fama de ser un adalid de la ética, vetando inversiones en empresas que causaran «daños ambientales muy graves» o que tuvieran historiales turbios en derechos humanos. ¡Habían sacado de su cartera a gigantes como Walmart, a empresas tabacaleras o a fabricantes de armas! Un auténtico ejemplo a seguir.

Pero, como en toda buena historia con giro inesperado, llegó el momento en que la ética se topó con la burocracia y, quizás, con el pragmatismo capitalista. La bombilla se encendió en el comité de ética del fondo, que llegó a una conclusión sorprendente: ¡es «demasiado difícil» predecir si una empresa como Shell, BHP Billiton o Rio Tinto causará daños ambientales graves en el futuro! ¿Quién lo diría, verdad? Aparentemente, mirar una petrolera y pensar que podría contaminar es como intentar adivinar el número de la lotería. Imposible. «Resulta difícil prever el futuro daño medioambiental que una empresa podría causar», dijeron, y con esa frase maestra, recomendaron levantar la exclusión a estas compañías.

Y el Ministerio de Finanzas, ni corto ni perezoso, aceptó la recomendación. Así, el fondo decidió pasar de la «exclusión previa» a un enfoque de «compromiso» o «diálogo». En otras palabras, en lugar de no invertir en empresas «problemáticas», ahora invertirán y luego intentarán convencerlas desde dentro para que sean más sostenibles. Como intentar convencer a un zorro para que se haga vegetariano después de haberle dado las llaves del gallinero.

Como era de esperar, esta decisión no sentó nada bien a los grupos ecologistas. Amigos de la Tierra lo calificó de «retirada vergonzosa» y Greenpeace de «un enorme paso atrás», argumentando que era una «luz verde» para que el fondo invierta en «las empresas más sucias del planeta». Y razón no les falta, ¿o es que de repente Shell se ha vuelto una ONG?

Al final, parece que el dinero tiene su propia brújula moral, y a veces, esa brújula apunta directamente hacia el bolsillo, incluso si para ello hay que poner en pausa los principios. Noruega nos demostró que incluso el «fondo más ético del mundo» puede encontrar excusas para flexibilizar sus reglas cuando la tentación es demasiado grande. ¡Y pensar que antes era un ejemplo!