Niños japoneses: de jugar al Fortnite a pasearse en VR por la pescadería

Niños japoneses: de jugar al Fortnite a pasearse en VR por la pescadería
En Japón, unos colegiales flipan con la realidad virtual, pero no para salvar el mundo, ¡sino para visitar la panadería y la pescadería del barrio! Este proyecto busca conectar a los peques con el comercio local y la economía, combatiendo el declive de las tiendas y el auge de las compras online. Una forma futurista de amar lo tradicional.
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¿Te imaginas que, en vez de un viaje escolar a un museo empolvado, tus hijos se calzaran unas gafas de realidad virtual para explorar… la pescadería de la esquina? Pues en Japón, la cosa ya está pasando. Y no, no es el último nivel de un videojuego futurista, ¡es educación pura y dura!

Unos niños de primaria, con más ganas de salir al patio que de otra cosa, se han encontrado con un plan de estudios la mar de peculiar. En lugar de empollarse libros sobre el comercio local o las verduras de temporada, se han puesto unas gafas de VR y… ¡voilà! De repente, estaban teletransportados dentro de la panadería, o al lado del mostrador del pescadero, observando cómo se prepara el pan o cómo de fresco está el lenguado.

La iniciativa, impulsada por una empresa llamada Shinnosuke en colaboración con las autoridades educativas, tiene su lógica. Con el descenso de la población en ciertas zonas y el auge imparable de las compras online (que levante la mano quien no haya pillado algo por internet esta semana), el pequeño comercio lo tiene crudo. Así que, ¿qué mejor manera de inyectar vida a estas tiendas que conquistando a los futuros clientes desde pequeños? Y, claro, si es con realidad virtual, el enganche está asegurado.

Los chavales, que seguramente están más acostumbrados a mundos pixelados y monstruos de fantasía, se han quedado boquiabiertos. Poder ‘tocar’ virtualmente el pan recién hecho o ver de cerca los peces sin necesidad de pringarse las manos, es un puntazo. Les permite entender mejor cómo funciona una tienda, de dónde vienen los productos y, en definitiva, cómo se mueve la economía de su propio barrio.

Esta es la prueba de que la tecnología no solo sirve para evadirnos, sino también para reconectarnos con lo de siempre. ¿Quién sabe? Quizá el próximo maestro pescadero sea uno de estos niños que, de crío, alucinó viendo un besugo en VR. ¡Larga vida al comercio local… y a las gafas futuristas!