¡Agarraos, que vienen curvas! En el siempre impredecible universo de las celebrities, a veces suceden cosas tan rocambolescas que parecen sacadas de un guion de película de serie B. Y la historia que hoy nos ocupa, protagonizada (o eso creía alguien) por la mismísima Nicki Minaj, es de esas que te dejan ojiplático y con una ceja levantada.
Resulta que, allá por 2013, el mundo de la farándula y la política casi colisiona en un giro argumental digno de enmarcar. Una tal Pastora Lynda Lee, una figura con más títulos que una enciclopedia (Co-Presidenta Internacional de American Christians of Conscience, co-fundadora de Global Godly Women y Global Christian Alliance for Human Rights, entre otros), se marcó un órdago anunciando a bombo y platillo que la megaestrella del pop y el rap, Nicki Minaj, iba a ser la flamante oradora principal en un evento de la ONU. ¿El tema? Ni más ni menos que la «persecución cristiana global».
Según la Pastora Lee, que aseguraba llevar meses en negociaciones con el mánager de Minaj, la rapera era una «cristiana renacida» y estaba deseando «defender a los cristianos perseguidos» en el evento del «Día Internacional de la Libertad Religiosa de la ONU». Incluso se atrevió a mencionar una canción de Minaj, «Freedom», como prueba de su compromiso con la causa. Imaginaos la escena: Nicki Minaj, conocida por sus estilismos extravagantes y letras que no dejan indiferente a nadie, de repente convertida en adalid de la fe en un estrado de las Naciones Unidas. La imagen ya era de por sí un choque de mundos épico.
Pero aquí viene la parte jugosa, el giro de guion que convierte esta anécdota en una auténtica joya para los amantes del absurdo. Cuando FOX411, con su instinto periodístico a flor de piel, decidió llamar a la puerta del representante de Nicki Minaj para confirmar semejante notición, la respuesta fue… ¡un mazazo de realidad! «Nadie se ha puesto en contacto con nosotros y Nicki no tiene programado ningún discurso en la ONU. Todo esto es completamente falso», zanjó un portavoz de la artista.
Así, de un plumazo, el sueño diplomático de la Pastora Lee se desvanecía como un castillo de arena. Nicki Minaj, la protagonista inesperada de esta farsa, no solo no iba a hablar en la ONU, sino que ni siquiera sabía que se esperaba de ella tamaña responsabilidad. Fue, literalmente, un discurso fantasma, una aparición estelar en un evento del que la estrella no tenía la más mínima constancia.
En fin, una historia para recordar que, a veces, la realidad supera con creces cualquier videoclip musical. Y que, antes de anunciar a una celebrity para un evento de calado internacional, quizás sea buena idea… ¡preguntarle primero a la celebrity!




