Monos de laboratorio a la fuga: El surrealista accidente que paralizó Pensilvania

0
0

Imagínate la escena: estás tranquilamente conduciendo por Pensilvania cuando de repente, ¡zas! Un accidente de tráfico. Hasta ahí, todo ‘normal’. Pero, ¿y si te dijera que el camión siniestrado no transportaba muebles, ni patatas, ni la última colección de ropa, sino… ¡cien monos de laboratorio! Sí, has leído bien. Cien macacos de cola larga con destino a un centro de investigación en Florida. Esto no es el guion de una peli de serie B, es lo que ocurrió de verdad.

La movida tuvo lugar en Montour County, cuando un tractor-remolque y un camión volquete decidieron que era buena idea conocerse de cerca. El resultado: un caos automovilístico y, lo más sorprendente, la oportunidad de oro para que cuatro de nuestros amigos simiescos dieran el salto a la libertad. ¡Cuatro monos en busca de aventuras en tierras americanas!

La cosa se puso seria rápidamente. La policía estatal de Pensilvania no tardó en emitir una advertencia que sonaba más a chiste malo que a comunicado oficial: «Por favor, no os acerquéis a los monos». Y no era por su mal genio (que vete a saber), sino porque, al ser animales de laboratorio, estaban sin vacunar y, claro, la posibilidad de que portaran alguna enfermedad no deseada era real. Vamos, que un simple selfi con un macaco fugitivo podía salirte más caro que un billete de primera clase a la luna.

La búsqueda se puso en marcha con un despliegue digno de una operación de rescate de alto nivel. La Game Commission y otras agencias se unieron a la caza del tesoro, bueno, más bien a la caza del mono. Tres de los fugitivos fueron rápidamente localizados, probablemente preguntándose dónde estaba la playa de Florida que les habían prometido. Pero uno, un auténtico Houdini del mundo simiesco, seguía en paradero desconocido al caer la noche del viernes. Un auténtico thriller de suspense con primates como protagonistas.

Pero la historia no acaba aquí, porque siempre hay un giro inesperado. Michelle Fallon, una vecina de la zona, tuvo la «brillante» idea de acercarse a uno de los monos creyendo que era un gato. ¡Un gato con cara de mono! Parece que la adrenalina del momento nos juega malas pasadas. Tras el encuentro cercano del tercer tipo, la pobre Michelle no solo se llevó la anécdota, sino también una tos bastante molesta y conjuntivitis. ¿Coincidencia? Las autoridades no lo creyeron así y, por si las moscas (o los monos), le recomendaron vacunarse contra la rabia y le pusieron un tratamiento preventivo. De ver un mono pensando que era un gato a recibir tratamiento médico, hay un trecho. ¡Menudo día para Michelle!

En fin, una historia de esas que te recuerdan que la vida supera la ficción y que, a veces, un viaje de carretera puede convertirse en una jungla urbana… o rural, en este caso. Esperemos que el macaco desaparecido encuentre su paraíso particular sin causar más estragos, y que los demás, los cien que llegaron a su destino o los que fueron recapturados, estén ahora a salvo y (esperemos) vacunados.