Casi 13.000 budas en un monasterio de Hong Kong sin monjes

Se llama Monasterio de los Diez Mil Budas, guarda casi 13.000 estatuas y no vive en él ni un solo monje: lo cuidan laicos desde hace décadas…

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Se llama Monasterio de los Diez Mil Budas, guarda casi 13.000 estatuas y no vive en él ni un solo monje: lo cuidan laicos desde hace décadas…

En una ladera de Sha Tin, al norte de Hong Kong, hay un templo que falla en las dos mitades de su nombre. Se llama Monasterio de los Diez Mil Budas (萬佛寺, Man Fat Tsz) y no tiene diez mil budas: tiene casi 13.000. Y tampoco es exactamente un monasterio, porque no vive allí ningún monje.

La contradicción no es un error de traducción ni una leyenda de guía turística: el complejo lo levantó un maestro budista en 1949 y hoy lo mantienen únicamente laicos. Sin comunidad religiosa dentro.

¿Por qué es un monasterio sin monjes?

Porque dejó de funcionar como tal al morir su fundador. El venerable Yuet Kai empezó las obras en 1949 y tardó unos ocho años en terminarlas, con parte de los materiales acarreados a mano ladera arriba, en la línea de otras obras chinas hechas a pulso. Cuando murió, la gestión pasó a su familia y a un grupo de seglares.

Hoy no reside ningún monje en el recinto, que administran laicos. Es decir: un templo enorme, gratuito y abierto a diario que no tiene detrás una comunidad monástica, al revés que otros grandes templos de la región.

¿Cuántos escalones hay que subir para llegar?

Son 431 escalones desde la calle, y no se suben solos: la cuesta va flanqueada por unas 500 estatuas doradas de arhats a tamaño natural, sentadas o de pie a ambos lados del camino. Es la estampa que ha hecho famoso el lugar.

Un templo que promete diez mil budas, entrega casi trece mil y no tiene ni un monje para enseñártelos.

El otro comité de bienvenida es menos plácido: por la zona de Sha Tin campan macacos salvajes, y las guías locales insisten en no darles comida ni sacarla de la mochila durante la subida. Arriba espera una pagoda roja de nueve plantas, uno de los edificios más reconocibles del conjunto.

Pagoda roja de nueve plantas del monasterio, con estatuas doradas a sus pies y tejados de aleros blancos
La pagoda de nueve plantas del complejo. Foto: Mitchan14, CC BY-SA 3.0.

¿Qué hace el cuerpo del fundador en la sala principal?

Aquí es donde la visita se vuelve rara del todo. Yuet Kai murió en 1965 y pidió que lo enterraran y lo desenterraran pasado un tiempo. Al exhumarlo, según cuentan sus seguidores, el cuerpo no se había descompuesto. Lo recubrieron de laca y pan de oro y lo pusieron a la vista de los fieles. Hoy se expone sentado en la sala principal, la de los miles de budas.

Conviene el matiz: sus devotos hablan de un cuerpo incorrupto, mientras que la prensa ha apuntado a un embalsamamiento, y las fuentes ni siquiera coinciden en cuánto tiempo pasó bajo tierra. Lo indiscutible es lo que ve el visitante: una figura dorada sentada que fue una persona.

Primer plano de una estatua dorada de un arhat con los ojos muy abiertos y la boca abierta con los labios pintados de rojo
Una de las estatuas doradas del monasterio, de cerca. Foto: LASZLO ILYES, CC BY 2.0.

Lo del número, por cierto, tiene explicación. El carácter chino 萬 significa «diez mil», pero se usa desde siempre con el sentido de «incontables». Así que el nombre nunca fue una cifra: era una forma de decir «muchísimos». Y las cuentas bailan, porque el Gobierno de Hong Kong se queda en «más de 12.000». Y para una vez que un templo se queda corto en su propia promesa, quien lo visita ni se entera, ocupado en esquivar macacos por una escalera de más de cuatrocientos peldaños flanqueada de oro. Hong Kong tiene rarezas de sobra, y esta es de las que se suben a pie, igual que otras moles improbables del país.

Vía Atlas Obscura, Wikipedia, Zolima City Mag y Gobierno de Hong Kong.

Foto de portada: Mk2010, CC BY-SA 4.0.