
Imagina una tarde cualquiera en Gaines Township, Michigan. Una de esas reuniones de la junta municipal donde lo más emocionante suele ser el café aguado o el debate sobre el color de los maceteros. Pero el 2 de octubre, la cosa cambió, y vaya si cambió. De repente, entre vecinos y concejales, apareció él: Matthew, conocido en el mundillo como Kiba, y no iba vestido de traje y corbata, sino con su impresionante y peludo disfraz de furry.
Kiba, con su ‘alter ego’ animal, no estaba allí para un desfile, sino para hacer valer su voz ciudadana. Su misión: protestar contra una propuesta de ordenanza de zonificación para granjas solares que no le hacía ninguna gracia. Cuando le llegó el turno de la palabra, subió al atril y, sin quitarse ni un pelo de su disfraz, empezó a soltar un alegato que fue directamente al grano. El problema es que, como suele pasar cuando uno está muy apasionado, se le fue el santo al cielo, o mejor dicho, el tiempo de intervención.
Los tres minutos reglamentarios para hablar se estiraron, se estiraron y se estiraron hasta convertirse en doce. La presidenta de la junta, con una mezcla de estupefacción y resignación, le recordó amablemente que su tiempo había terminado. Pero Kiba no estaba por la labor de irse. «Tengo la actitud del tejón de miel», espetó, dejando a más de uno con la boca abierta. Para quien no lo sepa, el tejón de miel es un animalito famoso por su tenacidad y porque, sencillamente, le importa un pimiento lo que piensen los demás. Así que Kiba siguió dale que te pego, micrófono en mano y pelos al viento (metafóricamente, claro).
La situación se puso tensa, digna de un guion de comedia surrealista. Tras varios avisos ignorados y con Kiba aferrado al atril como un náufrago a su tabla, no quedó otra que llamar a la policía del sheriff del condado. Dos agentes se presentaron en la sala y, con la mayor delicadeza posible (porque no todos los días te toca lidiar con un furry enfadado en plena junta), le escoltaron fuera del edificio. Lo más curioso es que, a pesar de todo el revuelo, la ‘performance’ no le costó ninguna multa ni cargo. Un final un tanto anticlimático para tanto drama peludo.
Pero cuando todos pensaban que la velada no podía ser más surrealista, Kiba nos sorprendió de nuevo. Horas después, cuando la junta abordaba el siguiente punto del orden del día, ¡allí estaba él otra vez! Esta vez, sí, sin su traje de furry, sentado como un ciudadano más en el público, dispuesto a intervenir de nuevo. ¡Un verdadero estratega y un ejemplo de que la pasión, el activismo y un buen disfraz pueden, literalmente, poner patas arriba el tablero político local! Los vecinos de Gaines Township tardarán en olvidar esta reunión, eso seguro.
