Meta patenta una inteligencia artificial para gestionar las redes sociales de personas fallecidas

Meta patenta una inteligencia artificial para gestionar las redes sociales de personas fallecidas
Meta ha registrado una patente para desarrollar una inteligencia artificial capaz de suplantar a usuarios fallecidos. El sistema analizaría el comportamiento y estilo de escritura previo para mantener el perfil activo, permitiendo que una versión digital del difunto siga interactuando con sus contactos en las redes sociales.
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La inmortalidad algorítmica está más cerca de lo que pensabas

Parece que Mark Zuckerberg no se conforma con tenernos enganchados a la pantalla mientras respiramos; ahora también quiere gestionar nuestra presencia en el más allá. Meta ha solicitado una patente para una inteligencia artificial diseñada específicamente para tomar las riendas de las cuentas de usuarios fallecidos, actuando como un sustituto digital que nunca descansa.

Un fantasma en la máquina de Facebook

El funcionamiento de este invento es tan fascinante como inquietante. El sistema se encargaría de recopilar y analizar toda la huella digital del usuario: desde sus publicaciones y comentarios hasta su forma de dar ‘likes’. Con esta información, la IA crearía un modelo capaz de replicar la personalidad del difunto para seguir publicando contenido y respondiendo a los amigos como si la parca nunca hubiera pasado por allí.

Esta tecnología permitiría que las cuentas conmemorativas dejen de ser estáticas para convertirse en entidades interactivas. La idea es que este doble digital pueda mantener conversaciones fluidas, manteniendo el tono y estilo característicos de la persona real, convirtiendo la red social en una especie de sesión de espiritismo tecnológica constante.

¿Engagement eterno o pesadilla distópica?

Aunque Meta plantea esto como una forma de ayudar a los seres queridos a lidiar con la pérdida y mantener vivo el recuerdo, el concepto roza lo estrambótico. La posibilidad de que tu abuelo siga comentándote las fotos de las vacaciones mediante un proceso automatizado plantea retos éticos que ni el propio algoritmo sabe resolver todavía. Por ahora es solo una patente, pero deja claro que para el gigante tecnológico, la muerte es solo otro inconveniente técnico que se puede solucionar con un buen código de programación.