Daphne du Maurier encontró Menabilly deshabitada y comida por la hiedra, se coló en la finca durante años y en 1943 acabó alquilando la casa de Manderley…
Hay obsesiones que empiezan con un paseo por el bosque. La de Daphne du Maurier arrancó a finales de los años veinte, cuando se metió sin permiso en una finca del sur de Cornualles para llegar hasta una casa que no se veía desde ninguna carretera.
La mansión que inspiró Manderley, la casa que domina la novela Rebecca, existe: se llama Menabilly, está escondida entre árboles cerca del puerto de Fowey y pertenece a la familia Rashleigh desde el siglo XVI. Du Maurier la encontró deshabitada y engullida por la hiedra, se coló en sus terrenos una y otra vez y en 1943 consiguió alquilarla. Acabó viviendo allí veintiséis años.

¿Cómo encontró Daphne du Maurier la casa de Manderley?
A base de allanar. Según el sitio oficial de la escritora, avalado por sus herederos, du Maurier entró muchas veces en los terrenos sin ningún derecho a estar allí, a veces solo para sentarse a mirar la fachada. La casa llevaba años sin nadie dentro y la vegetación se la estaba comiendo: el tipo de edificio que acaba dando sorpresas, como aquel sótano alemán con un barco medieval en el techo.
El desenlace es muy inglés: la escritora escribió al propietario, el doctor Rashleigh, para pedirle permiso para pasear por la finca. Y él se lo concedió. La intrusa pasó a ser invitada.
«Quizá esté mal amar un bloque de piedra como este, igual que se ama a una persona. No puede durar»
Lo dejó escrito en The House of Secrets, un ensayo de 1946 dedicado a la casa.

¿Por qué Manderley no es exactamente Menabilly?
Porque una de las mansiones más famosas de la literatura inglesa es un híbrido. Rebecca se publicó en 1938 —con esa primera frase que se sabe medio mundo: «Anoche soñé que volvía a Manderley»— y de Menabilly salen el bosque, el aislamiento y esa casa que no se ve desde el camino. Los interiores, en cambio, vienen de Milton Hall, en Cambridgeshire: la residencia de la familia Fitzwilliam que du Maurier visitó de niña, en 1917 y 1918, cuando servía de hospital de guerra.
Es el mismo truco de otros escenarios reales convertidos en mito, como el remolino noruego que fascinó a Poe y a Verne: un sitio que existe, pasado por el filtro de quien lo cuenta.
¿Se puede visitar Menabilly hoy?
No, y además la casa nunca llegó a ser suya. Du Maurier firmó el arrendamiento en 1943 y escribió allí buena parte de su obra, pero tras la muerte de su marido, en 1965, los Rashleigh no le renovaron el contrato. En 1969 se mudó a Kilmarth, la casa de viudedad de la propia finca, a poco más de kilómetro y medio de Menabilly, y allí vivió hasta su muerte, en 1989.
Menabilly sigue siendo una residencia privada cerrada al público, escondida en su bosque como esa casa incrustada donde no debería estar. Casi un siglo después de aquellos allanamientos, la mansión sigue haciendo lo que mejor se le da: no dejarse ver.
Vía Mental Floss, el sitio oficial de Daphne du Maurier, la Universidad de Exeter, el DiCamillo Companion y Wikipedia.




