
Agárrense que vienen curvas, porque la historia que os traemos hoy parece sacada de un guion de cine, pero es más real que el pan de cada día (o al menos, lo es su demanda). Resulta que nuestra querida Melania Trump, expresidenta consorte y musa de la elegancia silenciosa, se ha visto envuelta en un culebrón judicial digno de los mejores programas de cotilleo. ¿El motivo? Un periodista con fama de tejer tramas conspiranoicas la ha llevado a los tribunales, alegando ni más ni menos que un encargo de ‘fake news’ que, para colmo, se quedó sin pagar. ¡La que ha liado Melania!
El protagonista de esta peculiar odisea judicial es Webster Tarpley, un señor que se define a sí mismo como «historiador, autor y conferenciante», pero que en el mundillo es más conocido por sus teorías sobre el 11-S, el atentado de Boston o el mismísimo fin del mundo, por poner unos ejemplos. Pues bien, según Tarpley, en octubre de 2016, justo cuando la campaña presidencial de Donald Trump estaba que echaba humo, Melania se puso en contacto con él para pedirle un trabajito… digamos, un tanto peculiar.
¿Y cuál era ese encargo tan especial? Nada de escribir un panegírico sobre sus colecciones de moda o su labor humanitaria. No, la señora Trump, presuntamente, quería que Tarpley redactara una «noticia falsa» sobre otra periodista, una tal Monica Byrne. La idea era, supuestamente, desacreditarla. Byrne, para aquel entonces, estaba trabajando en un artículo sobre Melania que no prometía ser precisamente un cuento de hadas.
El «contenido» de esta ‘fake news’ que Melania habría solicitado era, cuanto menos, fantasioso. Tarpley afirma que debía implicar falsamente a Byrne con la campaña de Hillary Clinton o presentarla como parte de una «red de agentes pagados» dedicados a la investigación de la oposición. Vamos, una trama de espías de andar por casa, pero con el toque glamuroso de una primera dama (futura, en aquel momento).
La cosa se pone aún mejor: Tarpley asegura que el acuerdo verbal incluía una compensación de 15.000 dólares por sus servicios de «desinformación creativa». Un pellizco para escribir una sarta de patrañas, si me permitís la expresión. Pero he aquí el quid de la cuestión: según el demandante, el dinero, nunca llegó. Ni un céntimo. Y claro, a Tarpley, que de tonto tiene lo justo, no le sentó nada bien. Así que, ni corto ni perezoso, ha presentado una demanda por «incumplimiento de contrato e interferencia torticera».
Mientras tanto, ¿qué dice Melania de todo este embrollo? Pues, como era de esperar, su abogado, el reputado Charles Harder, ha salido al paso calificando la demanda de «frívola y sin fundamento». Un «ni hablar del peluquín» en toda regla, vamos.
La verdad es que, si esta historia fuera cierta, nos encontraríamos ante un giro de guion fascinante en la vida de la familia Trump. Un periodista conocido por sus teorías más estrafalarias alegando haber sido el brazo ejecutor de una estrategia de ‘fake news’ orquestada por la mismísima Melania… ¡y que encima le dejaran a deber! El mundo de la política y el famoseo nunca deja de sorprendernos, ¿verdad? Estaremos atentos a ver cómo se resuelve este entramado digno de una serie de Netflix.
