Matrimonio sin mariposas: un juez canadiense sentencia que el amor es opcional

Matrimonio sin mariposas: un juez canadiense sentencia que el amor es opcional
Un juez de Columbia Británica ha dictaminado que el amor no es un requisito legal para la validez del matrimonio. La sentencia surgió de un caso donde un hombre quiso anular su unión, alegando que no amaba a su esposa y fue "engañado". Sin embargo, el juez concluyó que él se casó a sabiendas para facilitar la entrada de ella a Canadá.
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¡Atención, románticos empedernidos y amantes del papeleo! Agarraos, que vienen curvas, porque un juez de la Corte Suprema de Columbia Británica, en Canadá, ha soltado una sentencia que podría hacer tambalear los cimientos de muchas comedias románticas. La magistrada Susan Griffin ha dictaminado con toda la seriedad que le permite su toga: el amor, señores y señoras, no es un requisito legal para que un matrimonio sea válido.

La cosa se pone interesante cuando miramos el origen de esta perla jurídica. Todo comenzó con un hombre, cuyo nombre no ha trascendido (y menos mal para él, suponemos), que intentó anular su matrimonio. Su argumento era digno de un culebrón: ¡no amaba a su esposa y se sentía «engañado»! Además, el pobre hombre afirmó que estaba «hechizado» y solo había aceptado casarse por pena, especialmente después de que ella expresara ideas suicidas. Vamos, un drama en toda regla con tintes sobrenaturales.

Este caballero, que había salido con la mujer durante 18 meses, convivido con ella 6 y aguantado 3 meses de matrimonio, se presentó ante el tribunal asegurando que su esposa lo había manipulado descaradamente para obtener la ciudadanía canadiense, ya que ella era de China. El panorama era desolador: él, una víctima inocente de un amor no correspondido y una artimaña migratoria.

Pero, ¡ay, amigo! La realidad a veces es más dura que un conjuro mal lanzado. La jueza Griffin, con la agudeza que la caracteriza, vio más allá de las excusas y las supuestas pociones de amor. Concluyó que el hombre había «engañado deliberadamente» a su esposa durante el proceso matrimonial, con el único fin de «facilitar su entrada a Canadá». O sea, que el romanticismo era menos importante que un visado.

La sentencia fue tajante: el hombre «contrajo matrimonio con pleno conocimiento de lo que era, con intención de casarse, y lo hizo por sus propias razones, que eran permitir que la mujer permaneciera en Canadá». Y aquí viene la frase estelar que ya está dando la vuelta al mundo: «No la amaba, pero eso no es un requisito para un matrimonio válido». ¡Zas! En toda la boca a Cupido y sus flechas.

El propio demandante, en un momento de sinceridad (o de rendición, quién sabe), admitió que su intención al casarse era, efectivamente, por motivos de inmigración. La jueza subrayó que el matrimonio, según la «definición clásica», implica «un hombre y una mujer que tenían la intención de ser marido y mujer». Y en este caso, la intención de casarse, aunque fuera por conveniencia, estaba clara para ambas partes. ¡Menudo lío!

Así que, ahí lo tenéis. El matrimonio fue declarado válido y, por si fuera poco, al hombre le toca pasar por caja: deberá pagar manutención conyugal. Se confirma, una vez más, que la ley y el corazón a veces van por caminos muy distintos. Al final, no era un caso de «novias por correo» o de «amor por dinero», sino simplemente de usar el matrimonio para fines migratorios. Y sí, legalmente, es válido. ¡A ver si ahora los guionistas de Hollywood empiezan a reescribir sus finales felices!