Sacaban servilletas de la papelera de un club de playa, las mojaban en su cuenco y las amasaban con arena. El resultado: pelotas para jugar…
Imagina que eres un mapache diminuto, vives junto a un club de playa y lo que más abunda a tu alrededor son servilletas usadas. Pues te haces una pelota. Dos crías hembra de mapache pigmeo (Procyon pygmaeus), hermanas, fueron vistas en enero de 2026 en Cozumel (México) sacando papel de una papelera, mojándolo en un cuenco de agua y amasándolo con arena hasta convertirlo en pelotas con las que luego jugaban.
Lo documentó Nessie O’Neil, estudiante de posgrado de Biología en la Universidad de Miami (Ohio), en un estudio publicado en la revista científica Wild junto a la antrozoóloga Michelle Szydlowski y a Noel Anselmo Rivas-Camo, de la Subdirección de Ecología de Cozumel. Sus autores lo presentan como una prueba preliminar de algo que, hasta donde saben, no se había descrito en los mapaches: cultura material, es decir, un comportamiento con objetos que se aprende de otros.
¿Cómo fabrican las pelotas los mapaches pigmeos?
La receta, según el artículo y lo que recogen varios medios, es bastante casera. Una de las hermanas cogía servilletas o tiques de caja de la papelera, los llevaba hasta un cuenco metálico con agua, los sumergía y después los apretaba, les daba la vuelta y los hacía rodar sobre la arena con las patas delanteras hasta que quedaba una bola compacta.
Y luego, a lo importante: jugar. Las dos crías perseguían las pelotas y las golpeaban con las patas por el suelo. Ni rastro de comida de por medio, que es lo que suele mover a un mapache cuando rebusca en la basura.

¿Quién enseñó a quién a hacer las pelotas?
Aquí está lo interesante. Una hermana dominaba la técnica y la otra la miraba. Cuando la aprendiz se lanzó, sus primeros intentos no salieron bien. Pero siguió probando.
La prueba de fuego llegó después: la hermana que había empezado todo enfermó y murió en un centro de rehabilitación, probablemente por desnutrición y por sustancias tóxicas de origen humano. Tras su marcha, la otra cría siguió haciendo pelotas por su cuenta, esta vez con el envoltorio de una hamburguesa. En otro punto de la isla, a unos 30 kilómetros, los investigadores no vieron nada parecido.
O’Neil, que pasó 64 horas observando a los animales en ese club de playa, reconoce que al principio ni se lo tomó como ciencia. Como le contó a Scientific American:
«En mi cabeza no era ningún gran descubrimiento. Era: «¡Mira qué mona! ¡Está haciendo una pelota!»»
¿Por qué importa un juego de mapaches en Cozumel?
El mapache pigmeo solo vive en la isla de Cozumel y está catalogado en peligro crítico de extinción. Es primo pequeño del que ya conoces por sus fechorías urbanas, como Jimothy, el mapache de Seattle o el que asomaba la mano en las gradas del Citi Field.
Los autores insisten en que son observaciones preliminares y que no demuestran por sí solas una tradición estable. Pero la idea que deja O’Neil en su blog se queda en la cabeza: «Cuando un animal en peligro muere, puede que perdamos algo más que sus genes. Puede que también perdamos conocimiento». Y una receta para hacer pelotas con servilletas es exactamente eso.
Vía: Wild (estudio original), Scientific American, Phys.org, Discover Wildlife y ScienceBlog.
Imagen de portada generada con IA.




