Imagina que abres tu libro de historia del instituto y, en el capítulo sobre la esclavitud, lees que los barcos negreros traían ‘trabajadores’ de África para las plantaciones. No, no es el guion de una comedia surrealista, sino lo que ocurrió de verdad en Texas y que provocó que hasta la Casa Blanca tuviera que levantar la ceja y pedir explicaciones.
El lío saltó a la palestra cuando un libro de texto de geografía para alumnos de noveno grado, publicado por la gigante editorial McGraw-Hill Education, incluyó una joya de pie de foto que decía: ‘El comercio atlántico de esclavos entre los siglos XVI y XIX trajo a millones de trabajadores de África al sur de Estados Unidos para trabajar en las plantaciones agrícolas’. ¿Trabajadores? Alguien en la redacción se pasó de eufemismo.
El asunto escaló hasta tal punto que la Casa Blanca publicó una entrada en su blog oficial. Roberto Rodríguez, un asesor político senior, firmaba el texto donde se criticaba duramente la manera en que se enseña este oscuro capítulo de la historia estadounidense en las aulas. Rodríguez no se sacó los datos de la manga, sino que se apoyó en un demoledor estudio del Southern Poverty Law Center. Según este informe, los estudiantes de último año de secundaria tienen serios problemas para responder preguntas básicas sobre la esclavitud, y hasta 16 estados suspendían estrepitosamente en la forma de abordar el tema en sus programas educativos.
La reacción de la editorial, como era de esperar, fue una mezcla de apuro y control de daños. McGraw-Hill Education emitió un comunicado pidiendo disculpas por la metedura de pata y prometió corregir el texto en las versiones digitales de inmediato y en las futuras impresiones del libro. Un pequeño desliz que nos recuerda que una cosa es intentar explicar la historia y otra muy distinta es convertir una tragedia humana en algo parecido a una oferta de empleo de dudosa reputación. Al final, parece que todos, desde los alumnos hasta las editoriales, necesitaban una clase de historia urgente.




