
Hay padres que animan desde la grada, otros que gritan un poco… y luego está esta madre de la región de Moscú, que ha llevado el concepto de ‘apoyo incondicional’ a un nivel completamente nuevo. Durante un partido de hockey juvenil, la tensión no estaba solo en el juego, sino también en las gradas, donde una mujer sentía que los árbitros se estaban cebando con el equipo de su hijo, el ‘Armada’.
Harta de lo que consideraba un arbitraje manifiestamente injusto, decidió que ya estaba bien de protestas a distancia. Ni corta ni perezosa, y sin necesidad de patines, se plantó en mitad de la pista de hielo para pedir explicaciones cara a cara. Los árbitros, probablemente alucinando, intentaron dialogar con la improvisada justiciera del hielo, pidiéndole amablemente que abandonara el terreno de juego.
Pero ella no estaba para charlas. Con una determinación digna de una final olímpica, gesticuló, discutió y dejó claro que de allí no se movía hasta que se hiciera justicia. La situación escaló hasta el punto de que tuvo que intervenir el personal de seguridad del recinto.
Lo que vino después fue una escena digna de una comedia de enredos: intentos de persuasión, forcejeos, resbalones sobre el hielo y, finalmente, la imagen del día. Ante su férrea resistencia, los guardias no tuvieron más remedio que cogerla por brazos y piernas y arrastrarla literalmente fuera de la pista. El partido, suponemos, pudo continuar, pero el verdadero espectáculo ya se había vivido. Un recordatorio de que el amor de una madre no conoce límites, ni siquiera el de una pista de hockey bien pulida.
