Los Ventolín son unos ecoterroristas de bolsillo

Los Ventolín son unos ecoterroristas de bolsillo
El popular Ventolín y otros inhaladores de dosis medida son bombas climáticas. Sus gases propulsores (HFA) tienen un impacto tan potente que un solo uso equivale a la huella de carbono de conducir cientos de kilómetros. La solución pasa por los inhaladores de polvo seco.
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Si eres asmático y dependes de tu Ventolín para no asfixiarte, tenemos una noticia que te va a hacer sudar frío, y no precisamente por el esfuerzo que supone respirar. Resulta que ese pequeño compañero de bolsillo que te salva la vida en momentos de apuro, es un auténtico eco-villano. Y sí, la ironía es tan densa como la bruma de Londres. Hablemos claro: los inhaladores de dosis medida (IDM), esos botes presurizados que suenan a ‘psssst’, usan gases propulsores llamados hidrofluoroalcanos (HFA) que son la leche en potencia de efecto invernadero.

El problema es que estos HFA se introdujeron como el ‘reemplazo verde’ de los antiguos clorofluorocarbonos (CFC) que destrozaban la capa de ozono. Pues bien, aunque no dañan el ozono, su capacidad para atrapar calor en la atmósfera es espectacularmente alta. Un solo ‘puf’ de tu medicación puede llegar a tener la misma huella de carbono que coger el coche y hacer un viaje considerable. Los expertos comparan el uso diario de un inhalador con las emisiones de conducir hasta 175 millas, o incluso con el impacto ambiental de comerse un buen chuletón de ternera (dependiendo de la fuente y el tipo de inhalador).

En países con alta prevalencia de asma, este tema ha puesto a los servicios de salud en un aprieto. Por ejemplo, se ha señalado que los inhaladores contribuyen de manera significativa a las emisiones totales de carbono del sistema de salud pública, creando un dilema ético y existencial de manual: o respiras, o contribuyes a salvar el planeta del cambio climático.

Afortunadamente, la ciencia ofrece salidas a este embrollo. La alternativa que está ganando peso son los inhaladores de polvo seco (IPS). Estos no necesitan los propulsores HFA para funcionar, ya que el paciente inhala el medicamento directamente en forma de polvo fino. Su impacto climático es drásticamente menor. Sin embargo, no todo es tan sencillo, ya que los IPS no son adecuados para todos los pacientes o para todas las situaciones, especialmente en crisis agudas. Así que, mientras los científicos se rompen la cabeza buscando propulsores verdaderamente inocuos, la recomendación es que los pacientes asmáticos consulten con su médico si el cambio a un IPS es médicamente viable. Si puedes cambiarte al ‘modo eco’ de respirar, el planeta te lo agradecerá. Y la próxima vez que te toque usarlo, quizás te lo pienses dos veces antes de culpar solo a los coches viejos.