Los «pisos fantasma» chinos: cuando comprar una casa es más barato que pagar un cementerio

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Ante los desorbitados precios de los cementerios en China, muchas familias compraban pisos baratos única y exclusivamente para guardar las cenizas de sus familiares. Ahora, el gobierno ha decidido prohibir esta extravagante práctica que tenía aterrorizados a los vecinos vivos.
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Cuando tu vecino de arriba es literalmente una urna

El mercado inmobiliario está fatal en todo el mundo, pero en China han llevado el concepto de «piso tranquilo» a un nivel completamente nuevo, y la verdad, un poco espeluznante. Ante la inflación disparada de los servicios funerarios y de las parcelas de cementerio, muchas familias han tomado una decisión puramente económica y pragmática: comprar apartamentos baratos y vacíos para usarlos única y exclusivamente como tumbas familiares. Sí, has leído bien, pisos patera pero para albergar cenizas.

¿Por qué comprar un piso para un difunto?

Las matemáticas detrás de esta macabra tendencia son sorprendentemente sólidas y explican por qué esta moda ha despegado tan rápido en el gigante asiático:

  • El precio de una tumba: En grandes urbes, un pequeño trozo de tierra en un cementerio público puede costar el equivalente a decenas de miles de euros. Y lo peor es la letra pequeña… ¡solo te lo alquilan por 20 años! Tras ese tiempo, la familia tiene que volver a pasar por caja.
  • El precio de un inmueble: En ciudades de menor nivel o a las afueras, puedes adquirir un modesto apartamento en propiedad por mucho menos dinero del que te costaría el nicho. Y el usufructo dura 70 años por ley.
  • Capacidad máxima: En una tumba convencional caben, con suerte, una o dos urnas. En un piso de 50 metros cuadrados puedes montar el árbol genealógico completo de las próximas diez generaciones sin apreturas.

La auténtica pesadilla de la comunidad de vecinos

Ponte en situación. Te mudas a tu nuevo y flamante piso, te hipotecas hasta las cejas, y notas que los vecinos del 3ºB nunca hacen ruido. Hasta ahí, guay. Pero sus ventanas siempre están oscurecidas, a veces tapadas con ladrillos o plásticos negros opacos. Solo reciben visitas una vez al año, durante el festival de Qingming (el Día de Barrer las Tumbas), y los visitantes entran vestidos de luto, llorando, y salen dejando un intenso olor a incienso quemado en el descansillo.

«Es terrorífico. No sabes si vives en un bloque de apartamentos residencial o en un columbario vertical. Me da miedo volver a casa por la noche y cruzarme con fantasmas», confesaba un vecino afectado en una red social del país.

El gobierno chino dice «hasta aquí hemos llegado»

Como era de esperar, esta estrambótica práctica de crear cementerios clandestinos en altura ha provocado tal aluvión de quejas de los vecinos vivos que las autoridades han tenido que tomar cartas en el asunto. El gobierno ha anunciado la prohibición estricta de almacenar restos incinerados en viviendas vacías, obligando a los ciudadanos a regresar al tradicional (y prohibitivo) sistema funerario oficial.

Así que, la próxima vez que te quejes porque el vecino de arriba arrastra muebles o pone la tele muy alta de madrugada, míralo por el lado bueno: al menos tiene pulso. En China, la frase «este edificio está muerto» había adquirido un significado demasiado literal.