
Si naciste después de los noventa, probablemente pienses que los años ochenta fueron solo una época de colores flúor, sintetizadores y peinados imposibles. Pero la realidad es que vivir en aquella década era, básicamente, participar en un reality show de supervivencia extrema sin saberlo. Lo que entonces llamábamos «normalidad», hoy nos llevaría directos a una charla muy seria con las autoridades.
Fumar era el deporte nacional
Lo de fumar en cualquier parte no era una exageración cinematográfica. Se podía encender un pitillo en aviones, cines, restaurantes e incluso en las salas de espera de los hospitales. El humo era el perfume oficial de la época. Si el médico te decía que tenías los pulmones como un carbón, probablemente te lo decía mientras se terminaba su propio cigarrillo frente a ti.
Seguridad vial: un concepto muy elástico
En los ochenta, los cinturones de seguridad eran esos trastos molestos que se quedaban escondidos debajo de los asientos. Los niños no viajaban en sillitas homologadas con anclajes ISOFIX; viajábamos sueltos en el maletero de los coches familiares o tumbados en la parte de atrás de una furgoneta. Si el conductor pegaba un frenazo, los niños volaban como proyectiles, pero sobrevivíamos a base de reflejos y mucha suerte.
Bronceado con sabor a aceite de cocina
Olvídate de la protección 50+. En aquella época, el objetivo era achicharrarse bajo el sol usando aceite para bebés mezclado con yodo. Incluso se utilizaban reflectores de papel de aluminio para maximizar el impacto de los rayos UV. El resultado no era un bronceado saludable, sino una piel con textura de cuero viejo que hoy haría llorar a cualquier dermatólogo.
La era de los niños de la llave
Éramos la generación de los latchkey kids. Volvíamos solos del colegio, nos colgábamos la llave al cuello y vagábamos por el barrio hasta que se encendían las farolas. No había teléfonos móviles ni GPS; nuestros padres solo sabían que estábamos vivos si aparecíamos a la hora de cenar. La libertad era absoluta, pero el nivel de peligro era, viéndolo con perspectiva, bastante alucinante.
Juguetes con materiales cuestionables
La seguridad en los juguetes era más una sugerencia que una norma. Desde kits de química que incluían sustancias sospechosas hasta nieve artificial para el árbol de Navidad hecha de puro amianto. Jugábamos con cosas que hoy estarían guardadas en un búnker nuclear, y lo hacíamos con una sonrisa de oreja a oreja.
