
Imagínate la escena: un ejército de avatares pixelados, quizá armados con espadas de neón o herramientas de construcción, planeando una revuelta. No, no es el argumento de la última superproducción de Hollywood, sino la surrealista razón por la que el gigante de los juegos infantiles, Roblox, ha sido fulminantemente bloqueado en Rusia. ¡Vaya tela!
La Agencia Federal de Supervisión de las Telecomunicaciones, Tecnologías de la Información y Medios de Comunicación de Rusia, más conocida como Roskomnadzor (casi un trabalenguas), ha decidido que Roblox es un nido de “propaganda extremista”. La medida, que ha dejado a miles de críos rusos con una cara de póker, se ha tomado a raíz de informes de un diario pro-Kremlin, Izvestia, que señalan con el dedo a un juego dentro de la plataforma.
Según el chivatazo (o informe, si queremos ser serios) del diario, en este juego se encontraban “materiales que incitan al odio hacia la policía y las agencias gubernamentales”. Pero aquí viene lo bueno, lo que de verdad le da ese toque de humor negro: también hablaban de “propaganda de extremismo, LGBT y nazismo”. ¡Casi nada!
Lo más ‘jugoso’ del asunto viene con la descripción de un juego específico: “una reunión virtual de activistas LGBTQ+ que planeaban organizar disturbios y mítines”. Sí, has leído bien. ¡Disturbios en Roblox! Me los imagino lanzando avatares y bailando de forma desafiante en una plaza virtual. La otra perla era un segundo juego que mostraba un mapa de Ucrania con “llamamientos a participar en reuniones y mítines nacionalistas”.
Claro, en la Rusia actual, donde la “propaganda de relaciones sexuales no tradicionales” entre menores está más prohibida que un lunes por la mañana y donde las leyes contra el extremismo en internet son la orden del día, esto no ha caído en saco roto. Da igual que sean avatares de bloques y que la gente se dedique a construir casas o simular profesiones. Si hay una pizca de lo que ellos consideran una amenaza, ¡caput!
Roblox, por su parte, se lava un poco las manos diciendo que sus términos de servicio prohíben el “contenido de odio, discriminatorio o acosador”, y que tienen un equipo que modera la plataforma. Pero, mientras los moderadores hacen su trabajo, los jugadores rusos se han quedado sin su dosis de construcción y aventura, y sus padres, con un cabreo de mil pares de narices.
En fin, un ejemplo de cómo la realidad (y la política) a veces supera con creces a la ficción… o a los píxeles. ¿Quién diría que un juego infantil podría ser tan subversivo?
