Los comandos del capuchino y la milicia privada de una cafetería en Belfast

Los comandos del capuchino y la milicia privada de una cafetería en Belfast
En Belfast, una cafetería ha desatado la polémica al contratar seguridad privada para controlar quién se sienta en los bancos públicos de la calle. Un concejal ha calificado a estos vigilantes, vestidos con uniformes tácticos, como el brazo paramilitar del local, generando un intenso debate ciudadano.
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Parece el guion de una película de espías de serie B, pero es la surrealista realidad que se vive estos días en las calles de Belfast. Un concejal local ha puesto el grito en el cielo tras presenciar cómo una conocida cafetería, General Merchants, ha decidido que los bancos públicos de la acera son parte de su cortijo privado. ¿Y cuál ha sido su solución? Contratar a lo que muchos ya denominan una milicia cafetera.

¿Café con leche o interrogatorio táctico?

El concejal Gary McKeown no se ha andado con chiquitas al describir a los vigilantes de seguridad contratados como el «brazo paramilitar» del establecimiento. Estos guardias, ataviados con uniformes oscuros de estilo táctico que parecen sacados de una operación especial en zona de guerra, se dedican supuestamente a patrullar la acera de Ormeau Road y a invitar amablemente (o no tanto) a los transeúntes a levantarse si no tienen un ticket de compra o una taza humeante en la mano en ese preciso instante.

La polémica ha saltado cuando varios vecinos denunciaron que no podían sentarse tranquilamente en el mobiliario urbano sin sentirse intimidados por la presencia de estos agentes privados. Según McKeown, es absolutamente inaceptable que una empresa privada intente anexionarse el espacio público mediante la presencia de figuras de seguridad que parecen listas para un asalto en lugar de para servir un simple latte macchiato.

El espacio público no es una terraza privada

Desde el ayuntamiento han recordado de forma tajante que las aceras y los bancos son de uso común para todos los ciudadanos, independientemente de si prefieren un espresso doble o simplemente disfrutar del aire libre sin gastarse un euro. Mientras la empresa intenta justificar la medida para mantener el orden en su zona exterior, la imagen de estos «comandos del café» custodiando bancos de madera se ha vuelto el tema de conversación más bizarro de la ciudad. Queda claro que, en esta cafetería, el servicio de seguridad viene incluido con el azúcar, aunque nadie lo haya pedido.