
En el mundo de los sucesos, uno cree haberlo visto todo, pero de vez en cuando, la realidad supera cualquier guion de película de humor negro. Y justo eso es lo que pasó en Indianápolis, donde una pareja tuvo una idea… digamos, peculiar, para lidiar con un cuerpo sin vida.
Imagina la escena: el North District Headquarters del Departamento de Policía Metropolitana de Indianápolis, un día como otro cualquiera. De repente, aparece un coche y de él bajan Nathaniel Allen y Barbara Johnson. Hasta ahí, todo normal. Lo sorprendente vino después: ¡en el asiento trasero del vehículo llevaban un cadáver! Y, por si la situación no fuera ya de por sí surrealista, su explicación fue de traca: «Lo hemos encontrado así», dijeron, refiriéndose al pobre Jose Mendoza, que yacía envuelto en una manta.
Según la versión inicial de Allen y Johnson, se toparon con Mendoza ya fallecido en su cama, en una casa en Anderson. ¿Su brillante plan? Meterlo en el coche y conducirlo hasta Indianápolis para, según ellos, buscar a sus familiares o entregarlo a las autoridades. Barbara, por su parte, afirmó que simplemente fueron a la comisaría para avisar. Un pequeño detalle: Anderson está a unos buenos kilómetros de Indianápolis. ¿No había una comisaría más cerca? Pregunta retórica, claro.
El caso tomó un giro aún más complejo. Como el peculiar «hallazgo» ocurrió en la reserva de la Nación Miami de Indios, la investigación cayó en manos del mismísimo FBI. Y es que, con semejante historia, no era para menos. Los agentes federales no tardaron en detener a la pareja para interrogarlos a fondo, porque, seamos sinceros, la historia no se sostenía ni con pegamento extrafuerte.
Resulta que la policía de Anderson ya había sido alertada por una trifulca en la misma casa donde, supuestamente, «encontraron» a Mendoza. Y claro, las cosas empezaron a encajar… o a no encajar, dependiendo de cómo lo mires. El informe forense reveló que Jose Mendoza no falleció por causas naturales, sino por un traumatismo contundente. Vamos, que había sido golpeado. Y aquí es donde las versiones de Allen y Johnson empezaron a hacer aguas por todos lados.
Sus relatos sobre cómo llegó el cuerpo al coche y por qué decidieron llevarlo hasta Indianápolis eran como dos películas diferentes. Uno dijo que pasaron por casa de un familiar, metieron el cuerpo y luego a Indianápolis. La otra, que directamente a la comisaría a notificar. El caso es que, más allá de la picaresca de intentar colar una historia tan poco creíble, está el hecho de que el hombre había sufrido una brutal paliza.
A fecha de la noticia, la pareja no había sido acusada formalmente, pero uno se pregunta qué pensaban exactamente cuando se subieron al coche con un muerto en el asiento de atrás camino a la comisaría. Desde luego, la idea de «traer la evidencia a la policía» la llevaron al pie de la letra, aunque de una manera… ¡completamente inaudita! Un claro ejemplo de que, a veces, la realidad es tan extraña que parece sacada de un meme.
