
¿Conoces esa sensación? Tienes prisa, una lista interminable de cosas por hacer, pero el ritual es el ritual, y hay que echar la lotería. A un hombre de 69 años de Waldorf, en Maryland, le pasó exactamente eso, y su forma de resolverlo le ha salido, literalmente, redonda.
Nuestro protagonista, un jugador habitual con sus números fetiche bien aprendidos, llegó a la tienda Dash In de su localidad con el tiempo justo. En lugar de enfrascarse en el metódico proceso de rellenar su boleto de Powerball, optó por la vía rápida y, para qué engañarnos, la más cómoda. Se acercó al mostrador y le dijo al dependiente que le diera un boleto, el que fuera. Delegó su suerte en un completo desconocido. Una decisión que muchos supersticiosos jamás tomarían.
El dependiente, sin saber que se estaba convirtiendo en el Hada Madrina de esta historia, le entregó un boleto de elección rápida o ‘quick-pick’. El hombre lo cogió, lo guardó y siguió con su ajetreado día, sin darle mayor importancia.
La verdadera sorpresa llegó más tarde. Al volver a la tienda, decidió pasar el boleto por el escáner para comprobar si, por casualidad, había rascado algo. La máquina, con su pitido característico, le dio una noticia que no esperaba: había ganado un premio de 50.000 dólares. ¡Cincuenta mil! Por un boleto que ni siquiera había elegido él.
Lejos de pensar en yates o viajes a las Bahamas, este afortunado ganador tiene los pies bien en la tierra. Según contó a los funcionarios de la Lotería de Maryland, el dinero tiene un destino muy claro y práctico. Una parte irá destinada a algunas mejoras que necesita su casa, y la otra servirá para liquidar de una vez por todas el pago de su furgoneta.
Así que ya sabes, la próxima vez que vayas con prisas, quizás la mejor estrategia sea dejar que el azar, o el dependiente de turno, elija por ti. A veces, la mayor suerte se encuentra cuando rompemos la rutina.
