
Sobrevivir a los años setenta era todo un deporte de riesgo
Si alguna vez te has sorprendido pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor, prepárate para cambiar radicalmente de opinión. Una reciente charla en las redes sociales ha desenterrado los recuerdos más oscuros, curiosos y surrealistas de quienes vivieron plenamente la década de los 70. El resultado es una mezcla increíble entre asombro, risa nerviosa y un profundo alivio de vivir en el presente.
Desde infancias marcadas por la libertad extrema y la falta de supervisión, hasta modas que rozaban lo letal, hemos recopilado las tendencias y estilos de vida más descabellados que hace apenas cincuenta años eran el pan nuestro de cada día.
Las costumbres más salvajes de una época sin filtros
- Niños comprando alcohol y tabaco: En los años 70, los padres no se molestaban en ir al estanco. Mandaban a sus hijos pequeños a la tienda del barrio con una nota arrugada que simplemente decía «licor y cigarrillos». Ningún tendero se escandalizaba. Los críos regresaban a casas repletas de humo donde los adultos bebían sin parar, y los más traviesos incluso daban sorbos a escondidas de los vasos ajenos que tenían colillas flotando.
- El inexplicable horror a los zurdos: ¿Escribir con la mano izquierda? En aquella época, algunas escuelas y profesores lo trataban casi como un defecto a erradicar. Estudiantes de entonces recuerdan cómo sus maestras les aseguraban que jamás les pondrían una buena nota en caligrafía, sin importar lo bonito que escribieran, sencillamente porque consideraban que no era «la forma correcta de hacerlo».
- Zonas de fumadores por todas partes, incluso en los institutos: Fumar en los aviones era una práctica tan instaurada que la primera sección de «no fumadores» no apareció hasta 1971, y encima compartía la misma cabina cerrada. Pero lo más sorprendente es que los institutos de secundaria tenían zonas de fumadores oficiales para los adolescentes en los patios, a la vista de todos los profesores.
- Niños asados en los coches y sin cinturón: Dejar a los hijos encerrados durante horas en un coche aparcado a pleno sol era habitual mientras los padres hacían sus recados diarios o trabajaban. Además, los cinturones de seguridad eran meras decoraciones opcionales; los niños viajaban de pie en los asientos delanteros, manejando el volante en el regazo de sus padres, o sueltos en la parte trasera de las camionetas.
- El peligroso hábito del autoestop: Hacer dedo era el medio de transporte gratuito favorito de la juventud, a pesar de que el riesgo era inmenso. Las crónicas de la época revelan que, aunque las historias sobre desapariciones a manos de criminales eran tristemente comunes, la gente seguía parando alegremente en el arcén a subirse al vehículo de cualquier desconocido.
- Tostarse al sol con aceite de bebé: Si querías lucir un bronceado envidiable, la protección de la piel frente al cáncer era el menor de los problemas. La moda consistía en embadurnarse en aceite de bebé para quemarse intencionadamente, esperando que con los días esa dolorosa quemadura roja se convirtiera en un moreno caribeño. Las pocas lociones de los estantes apenas ofrecían un factor de protección 4.
- La dieta con el nombre más desafortunado de la historia: En las décadas previas a la obsesión moderna por los superalimentos, existían unos caramelos con apariencia de chocolate ideados para suprimir el apetito llamados Ayds. Tuvieron muchísimo éxito comercial… hasta que estalló la terrible crisis de la enfermedad del SIDA (AIDS, por sus siglas en inglés) en los 80 y las ventas cayeron en picado por la inevitable asociación fonética.
- La pausa para la cerveza en horario laboral: Salir a comer con los compañeros de la oficina y tomarse unas cuantas cervezas a mitad de la jornada no solo era tolerado, sino que se esperaba. Muchos lo hacían a diario sin que afectara a su imagen profesional, siempre que lograran disimularlo un poco al volver al escritorio.
- Decoración de dudoso gusto: moquetas en el baño: El pináculo del interiorismo setentero consistía en poner alfombras de pelo largo o shag carpeting por toda la casa. Y sí, eso incluía los cuartos de baño, colocando tejidos peludos y coloridos hasta en la mismísima tapa del inodoro. Todo un desafío para la lógica y las normas básicas de higiene.
«Era negligencia absoluta, y no sé por qué algunas personas lo recuerdan con cariño. Bebíamos de la manguera porque era la única fuente de agua, y si nos hacíamos daño, no había nadie alrededor para ayudarnos, solo nosotros mismos», reflexiona uno de los usuarios de Reddit que sobrevivió a su infancia en aquella peculiar década.
Desde luego, la próxima vez que escuches a alguien quejarse de que la sociedad actual tiene demasiadas normas protectoras, puedes recordarle amablemente que hubo un tiempo no muy lejano en el que respirar plomo, viajar suelto en el coche familiar y decorar el váter con pelo sintético era la cima del estilo de vida.
