
Trabajar de cara al público es una auténtica lotería, pero la cosa se pone realmente interesante cuando el cliente tiene una estrella en el Paseo de la Fama. Gracias a diversos testimonios recopilados de empleados de hostelería y comercio, hemos podido conocer quiénes son los soles de Hollywood y quiénes se comportan como auténticos villanos de película cuando creen que nadie les mira. No todo es glamur cuando se cierra el telón.
Los clientes que todos los camareros adoran
En el lado de los buenos de la película tenemos a Paul Rudd. Al parecer, el actor no solo no envejece, sino que es tan encantador como parece en sus entrevistas; un antiguo empleado de una tienda de caramelos asegura que Rudd era un cliente habitual extremadamente amable que siempre trataba al personal con un respeto ejemplar. Otro ejemplo de civismo puro es Drew Barrymore. Una camarera relató cómo la actriz, al verla salir de la cocina con una bandeja pesada, se apresuró a sujetarle la puerta y esperó pacientemente a que pasara, demostrando que la educación no entiende de rangos sociales.
Mención aparte merece el legendario Keanu Reeves. Se cuenta que, en una ocasión, compró un helado que ni siquiera le apetecía solo para poder usar el recibo de la compra y firmarle un autógrafo a un joven fan de dieciséis años que trabajaba en el cine. Por si fuera poco, Adam Sandler también se lleva el aplauso del público al ser visto esperando su turno en un establecimiento de tortitas como cualquier otro hijo de vecino, sin usar su estatus para intentar saltarse la cola. Sandler es, definitivamente, uno de los nuestros.
Exigencias de divos y comportamientos cuestionables
Lamentablemente, no todos los famosos son fáciles de tratar cuando se bajan del escenario. El presentador James Corden ha estado recientemente en el ojo del huracán tras ser acusado de ser maleducado y prepotente con el personal de un conocido restaurante neoyorquino debido a un pequeño incidente con una tortilla francesa. Naomi Campbell, por su parte, mantiene su estatus de supermodelo con rituales casi sagrados en los hoteles: según trabajadores del sector, exige que su habitación huela a una fragancia muy específica y que se coloquen productos de marcas concretas en puntos exactos antes de que ella ponga un pie en la estancia.
Incluso figuras como Julia Roberts han dejado recuerdos agridulces; según un testimonio de una empleada de una tienda de ropa de lujo, la actriz fue bastante desagradable durante una jornada de compras. Al final, estos relatos nos recuerdan que, detrás del maquillaje y los focos, las estrellas son personas con sus días buenos y sus momentos de diva que no siempre quedan bien en la cuenta final.
