
Agárrate, que vienen curvas… y balidos. Porque si pensabas que las persecuciones policiales eran solo para villanos de película, prepárate para la última y más sorprendente operación de búsqueda y captura que tiene a Noruega patas arriba: ¡la de dos cabras! Sí, has leído bien. En Lørenskog, un pintoresco suburbio al este de Oslo, la policía no persigue a ladrones de guante blanco ni a espías internacionales, sino a un par de rumiantes con una afición un tanto peculiar por la jardinería ajena.
Nuestros «protagonistas» son dos cabras negras, tan escurridizas como, al parecer, peligrosas para la flora local. Llevan varios meses fugadas de su granja original y, desde entonces, se han dedicado a una vida de libertinaje caprino, con incursiones en propiedades privadas donde el césped y, sobre todo, las flores y arbustos, han sufrido sus embestidas. Aunque el daño es «menor», según las autoridades, el mero hecho de que un animal ajeno se pasee por tu jardín haciendo de las suyas ya es suficiente para encender las alarmas.
La situación ha escalado a tal punto que la policía ha recibido múltiples avisos sobre las andanzas de este dúo dinámico. Y, agárrense los machos, que ya las han tildado de «criminales». Así, sin anestesia. Imagínense el titular: «Policía noruega en intensa búsqueda de dos peligrosas cabras delincuentes». Parece sacado de una película de serie B, pero es la cruda (y divertida) realidad en Noruega.
Lo más curioso de todo es que se cree que estas dos cabras son las únicas de su especie en la zona, lo que las convierte en objetivo fácil de identificar, al menos en teoría. Pese a su singularidad y los múltiples avistamientos, siguen burlándose de la ley, campando a sus anchas y dejando un rastro de flores mordisqueadas y arbustos despeinados.
Ahora, las autoridades, que no se andan con chiquitas cuando se trata de la ley y el orden (animal incluido), han lanzado un llamamiento a la ciudadanía. Si vives en Lørenskog o alrededores y te encuentras con este par de «fugitivas» peludas, no intentes detenerlas por tu cuenta. Lo mejor es avisar a la policía, que, seguramente, ya tiene un plan maestro para atrapar a estas insólitas «criminales» y devolverlas a la senda de la legalidad rumiante. La paciencia de la ley noruega tiene un límite, ¡incluso para las cabras!
