Imagina el nivel de cabreo que tienes que tener para llegar a prohibir una palabra. Pues eso es exactamente lo que pasó en Sartène, un encantador rincón de Córcega, Francia. En 2022, este municipio decidió que ya estaban hartos de las promesas vacías sobre el cambio climático, y pasaron a la acción de la manera más surrealista posible: declararon ilegal el uso de la palabra «verano». Sí, has leído bien, la temporada favorita de muchos quedó vetada de la burocracia local.
El alcalde, Paul Quilichini, parece ser un hombre de palabra, pero no de la palabra «verano». La medida no era un simple calentón, sino un acto simbólico con todas las de la ley, aprobado por decreto municipal. Se estableció que el término quedaba abolido en todos los documentos oficiales del ayuntamiento. A partir de entonces, si querían referirse a la época de sol, manguitos y chanclas, deberían usar la elegante (y un poco más aséptica) denominación de «temporada cálida».
Quilichini explicó que este movimiento tan extravagante tenía como objetivo señalar la tremenda inacción por parte del gobierno nacional francés ante el calentamiento global. Al fin y al cabo, Córcega ha estado sufriendo temperaturas cada vez más sofocantes y serios problemas de escasez de agua, y el alcalde sentía que las políticas reales brillaban por su ausencia. Si París no iba a tomarse el cambio climático en serio, Sartène se lo tomaría tan en serio que lo sacaría hasta del vocabulario.
Básicamente, Sartène se convirtió en el primer municipio del mundo en decirle a una estación meteorológica: «Lo sentimos, estás desinvitada». Una protesta que, aunque pueda sonar a broma de barra de bar, puso el foco mediático en la desesperación local por la crisis climática, demostrando que a veces, para que te escuchen, tienes que hacer algo tan absurdamente genial como borrar del mapa la temporada de vacaciones.



