
El drama se sirvió frío, burbujeante y con un toque explosivo. Hace un tiempo, el gigante minorista Costco se enfrentó a un dilema que pondría en jaque a cualquier amante de los brindis: su popular Prosecco, el Kirkland Signature Asolo DOCG, había desarrollado una personalidad demasiado efervescente. Y cuando decimos efervescente, queremos decir peligrosamente explosiva.
Imaginen la escena: llegas a casa con tu compra semanal, guardas las botellas y, de repente, ¡PUM! El Prosecco decide liberarse por sí mismo, bañando tu cocina en vino espumoso y, lo que es peor, lanzando fragmentos de vidrio por doquier. Sí, amigos, esta no es la trama de una película de acción de bajo presupuesto, sino la razón por la que Costco se vio obligado a realizar una retirada masiva.
Según la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor (CPSC) de EE. UU., la compañía tuvo que sacar de circulación la friolera de 947.000 botellas de este espumoso italiano. La retirada se catalogó como de ‘alto riesgo’, y no es para menos. El problema radicaba en que las botellas estaban manifestando una tendencia alarmante a romperse o, directamente, a estallar sin previo aviso, transformando el ritual de descorchar una botella en un juego de ruleta rusa.
Al parecer, el diseño o la composición del recipiente, en combinación con la presión interna natural del vino espumoso (que ya es considerable), no soportaba la tensión. Esto convertía al Prosecco Kirkland en un verdadero ‘kamikaze’ del lineal de bebidas. El aviso oficial era claro: «Si tiene esta bebida en casa, ¡no la abra! Y mucho menos la toque». Se instaba a los consumidores a devolver inmediatamente las botellas a Costco para obtener un reembolso completo, asegurándose de manipularlas con extrema precaución.
Aunque el Prosecco es conocido por su alegría y chispa, este lote de Kirkland se tomó esa característica demasiado en serio, llegando a convertirse en una amenaza física. Un brindis peligroso que, afortunadamente, se pudo contener antes de que se reportaran más accidentes graves. Lección aprendida: a veces, el vino de marca blanca viene con sorpresas que ni el mejor sumiller podría prever.
