La Vanvera el invento del siglo XVII para disimular los pedos aristocráticos

La Vanvera el invento del siglo XVII para disimular los pedos aristocráticos
En el siglo XVII, la aristocracia europea tenía un secreto para los gases inoportunos: la 'Vanvera'. Este ingenioso saquito de tela fina, lleno de hierbas aromáticas, se ataba a la cintura bajo la ropa para neutralizar o disimular los pedos, permitiendo a la alta sociedad mantener la compostura y el buen olor en sus reuniones.
0
0

Imagina la elegancia del siglo XVII: banquetes fastuosos, bailes de salón, damas y caballeros con modales impecables. Un cuadro idílico, ¿verdad? Pues agárrate, porque hasta en la alta sociedad más refinada, había un enemigo silencioso e ineludible: ¡los gases intestinales! Sí, esos pequeños incordios digestivos que no distinguen entre plebeyos y marqueses. La comida copiosa y rica de la época, con sus salsas pesadas y excesos culinarios, no ayudaba, y la digestión a menudo se rebelaba con ruidosas y, ejem, olorosas consecuencias.

En un mundo donde la etiqueta lo era todo y la discreción se valoraba más que el oro, un “escape” inoportuno podía ser la peor de las pesadillas sociales. ¿Cómo mantener la compostura cuando el estómago te traiciona en medio de una conversación trascendental o un minué? Aquí es donde entra en juego uno de los inventos más curiosos y, digámoslo, *olorosos* de la historia: la ‘Vanvera’.

No, no es una marca de ambientador moderno, sino un ingenioso artilugio utilizado por la aristocracia europea para neutralizar o disimular los efluvios indeseados. Piensa en ella como la mascarilla FFP2 para tu trasero, pero diseñada con el glamour y el secretismo del siglo XVII.

¿Y cómo era este milagro anti-olor? La Vanvera era básicamente un pequeño saquito, confeccionado con materiales tan lujosos como el terciopelo, la seda o el cuero más fino, digno de cualquier noble guardarropa. Su interior, eso sí, estaba lleno de una mezcla de hierbas aromáticas cuidadosamente seleccionadas: menta, tomillo, pétalos de rosa, clavo, canela… ¡un auténtico popurrí olfativo! Este saquito se ataba discretamente a la parte baja de la espalda, bajo la opulenta ropa, listo para entrar en acción al menor indicio de un «evento» gaseoso.

La idea era simple pero efectiva: cuando la flatulencia amenazaba con hacer acto de presencia, el pequeño saco actuaba como un filtro o, al menos, como un potente disimulador. En lugar de un sonido y un olor… pues quizás solo un *fiiiii* suave con aroma a jardín provenzal. ¡Mucho más digno, dónde va a parar!

Aunque algunos relatos folclóricos atribuyen su invención a un monje francés llamado Jean-François de la Vanvera, la verdad es que esto parece ser más una leyenda urbana con un toque de humor que un hecho histórico comprobable. De hecho, figuras como Jean-Jacques Rousseau mencionaron la «vanvera» en sus escritos, pero más bien como un término general para estos ingeniosos «bolsos de pedos» que ya eran parte del imaginario popular. Sea como fuere, la necesidad agudiza el ingenio, y si algo nos enseña la historia es que el ser humano siempre encontrará una solución, por rocambolesca que sea, a sus problemas más… *básicos*.

Así que la próxima vez que te encuentres en una situación comprometida, recuerda a la nobleza del siglo XVII y su querida Vanvera. Quién sabe, quizás el futuro nos traiga versiones 2.0 de este clásico. ¡De momento, a disimular como buenamente podamos!