
Agárrense, que la vida real a veces supera cualquier guion de comedia. Imaginad una universidad, la Weber State para ser exactos, organizando un evento académico de lo más sesudo. ¿El tema? Ni más ni menos que la censura, bajo el rimbombante título de «Censura, Información y Secreto: Una Conferencia sobre las Perspectivas Interdisciplinarias del Control del Poder y la Información». Todo muy serio, muy profundo, muy de debatir la libertad de expresión y los límites del conocimiento.
Pero, como en toda buena trama, hay un giro inesperado. Para promocionar esta joya intelectual, un grupo de estudiantes de arte de la propia universidad se curró un cartel. Y no un cartel cualquiera, sino uno con enjundia: mostraba una figura femenina desnuda, atada y amordazada por un hombre, flanqueada por referencias a textos de personajes como Marx, Freud o Darwin. Un pelín provocador, sí, pero con toda la intención artística de reflejar el tema central de la conferencia.
¿Y qué pasó? Que la administración de la universidad se echó las manos a la cabeza. Que si era «sexualmente sugerente», que si «inapropiado para un entorno universitario público»… Vamos, que el arte que hablaba de la censura acabó siendo censurado por la institución que acogía la conferencia. La ironía se cortaba con cuchillo, amigos. Provost Mike Vaughan, el Vicepresidente Norm Tarbox y la directora de Marketing, Allison Hess, coincidieron: esa imagen era «problemática». Incluso un vecino, ni corto ni perezoso, llamó a la universidad para tacharla directamente de «pornográfica».
La Dra. Carol West, una de las organizadoras de la conferencia, recibió el ultimátum: o recortaban la imagen para que solo se vieran los textos históricos (quitando así toda la gracia y el mensaje visual) o la eliminaban de todos los materiales promocionales: carteles, programas, ¡la web! Ante tal propuesta, la buena de la Dra. West se negó en rotundo. ¿Censurar la conferencia sobre censura? ¡Eso sería como morderse la cola hasta la extenuación!
El artista, Brandon J. Smith, obviamente se llevó un chasco. ¿Su obra, creada para un fin tan específico, silenciada? Y todo esto, en una universidad que presume de su «Freedom Square» (Plaza de la Libertad), donde la «libertad de expresión es valorada y protegida». Parece que, a veces, algunos temas son demasiado libres hasta para los que hablan de libertad. Una lección magistral de cómo la realidad a veces supera a la sátira más afilada.
