La ultramaratón de Denver donde acabas corriendo a gatas y con resaca

La ultramaratón de Denver donde acabas corriendo a gatas y con resaca
Denver ha organizado la 'Beer Mile Ultra', una carrera épica de 31 millas (50 km) donde la hidratación no es agua, sino cerveza. Los corredores deben ingerir una pinta en cada milla, sumando 31 cervezas al finalizar. Un desafío físico... y etílico.
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En el mundo del deporte de resistencia, hay desafíos y luego está lo que se han inventado en Denver, Colorado. Olvídate de los geles energéticos o las bebidas isotónicas; aquí la clave del éxito es la espuma y el lúpulo. Hablamos de la prueba conocida informalmente como la «Beer Mile Ultra», un nombre que suena tan tentador como peligrosamente divertido. Esta carrera no es apta ni para aficionados ni para bebedores de sorbos pequeños. ¿El reto? Cubrir la friolera de 31 millas (unos 50 kilómetros, la distancia de una ultra-maratón respetable) mientras te obligan a consumir una cerveza entera en cada parada de milla.

Haciendo las cuentas, si consigues llegar a meta y cumplir con todas las reglas, te habrás metido entre pecho y espalda 31 pintas. Eso es una cantidad impresionante, más propia de un festival que de una prueba deportiva. La idea de combinar un esfuerzo físico brutal, que normalmente requiere la máxima concentración y disciplina, con la obligación de consumir grandes cantidades de alcohol parece sacada de una apuesta de bar en Nochevieja, no de un evento deportivo organizado.

La mecánica es sencilla pero demoledora: corres una milla, paras, bebes la cerveza (sin trampas, debe ser una pinta completa), y luego sigues corriendo, intentando que el cuerpo no decida que prefiere vomitar que continuar la gesta. Los participantes no solo luchan contra el muro físico del maratón, sino también contra el muro de la ebriedad progresiva y el hinchazón estomacal producido por el dióxido de carbono. La estrategia de carrera pasa de ser una cuestión de ritmo y zancada a cómo mantener el equilibrio y la línea recta en los kilómetros finales. Quienes completan esta carrera no solo merecen una medalla de finisher, sino probablemente una revisión médica urgente y un largo fin de semana de recuperación. Es, sin duda, la prueba definitiva de resistencia atlética… o simplemente una excusa gloriosa para beber mucho justificándolo con el pretexto del deporte extremo.