
¡Atención, amantes de las noticias con un toque de «pues mira, qué sorpresa»! Hoy nos zambullimos en una de esas joyitas que te hacen pensar: «¿En serio hemos llegado a este punto?». Hablamos de la tregua en Gaza, una noticia que, según algunas fuentes, está yendo… ¡agárrense!… «mejor de lo esperado». Sí, sí, han leído bien. No es una broma del Día de los Inocentes (que no estamos en ello), es una declaración real.
Imaginen la escena: después de 11 días de un conflicto que dejó más cicatrices que un reality show, se decreta un alto el fuego. Y claro, las expectativas, por lo visto, estaban por los suelos, a la altura de un calcetín perdido detrás de la lavadora. Pero, ¡oh, milagro! La calma, según el ejército israelí, es «relativa» y eso, en el contexto, es una victoria pírrica que nos hace levantar una ceja.
¿Qué significa este «mejor de lo esperado» en la práctica? Pues que, desde que entró en vigor el viernes por la mañana, no se han lanzado cohetes desde Gaza, ni el ejército israelí ha contraatacado en la franja, y la frontera está sorprendentemente tranquila. ¡Ni un solo incidente violento! Un aplauso para la tregua que, al menos por ahora, se ha comportado como una tregua. Quién lo iba a decir, ¿verdad? Es como si la tregua hubiera decidido leer el manual y seguir las instrucciones.
Pero antes de que saquemos las serpentinas, recordemos el telón de fondo. Esos 11 días de enfrentamientos dejaron un reguero de dolor: cerca de 250 palestinos muertos, incluyendo 66 niños, y 13 israelíes, con dos pequeños entre ellos. Un panorama desolador que hace que el «mejor de lo esperado» suene, cuanto menos, a un eufemismo que roza lo absurdo. La comunidad internacional, con Egipto haciendo de casamentero en la mediación, ha respirado aliviada, pidiendo soluciones duraderas que, esperemos, no necesiten un «mejor de lo esperado» para funcionar.
Y como en toda buena tragicomedia, los protagonistas no han tardado en salir a escena a proclamar su «victoria». Por un lado, Jaled al Batsh, de la Yihad Islámica, lo tiene claro: la «voluntad del pueblo palestino» ha triunfado. Por otro, Ismail Haniyeh, el jefe del Buró Político de Hamás, agradecía a medio mundo y aseguraba que su victoria había «confundido los cálculos» de la ocupación israelí.
Mientras tanto, en el lado israelí, el Ministro de Defensa, Benny Gantz, declaraba que la operación había logrado sus objetivos y que Hamás había recibido un buen «palo». Y el Primer Ministro Netanyahu, con su ración de agradecimientos a Biden y compañía, también afirmaba que la operación había alcanzado sus metas y que Hamás había pagado un precio elevado.
En resumen, tenemos una tregua que funciona contra todo pronóstico (o al menos, contra bajas expectativas), un reguero de víctimas que nadie olvida, y dos bandos que, tras el combate, se cuelgan la medalla de la victoria. Una situación que nos deja con la agridulce sensación de que, a veces, la ausencia de lo peor ya se considera un éxito rotundo. Y eso, queridos lectores, es lo que hace que esta noticia sea un caramelo agridulce para un periodista de redes sociales: ¡hay material para pensar (y para algún meme sarcástico, admitámoslo)!
