
En un giro argumental que ni la mejor película de acción de sobremesa podría igualar, la policía de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos demostró que se toman la seguridad alimentaria—o quizás la falta de papeles—muy en serio. En una operación que se ha catalogado como el máximo exponente de la desproporción táctica, los agentes ejecutaron una redada en un almacén de distribución de helados de una importante cooperativa láctea en New Bedford, Massachusetts.
Olvídese de llamar a la puerta o usar una furgoneta discreta. Aquí se tiró la casa por la ventana. La táctica elegida: la Operación Black Hawk. Dos helicópteros militares Black Hawk, habitualmente reservados para misiones antiterroristas o extracciones de alto riesgo en zonas de guerra, sobrevolaron el tranquilo paisaje urbano de Massachusetts. Los agentes, vestidos con todo el equipo táctico de élite, se descolgaron como auténticos héroes de película de Chuck Norris mediante cuerdas desde los aparatos para asegurar el tejado del almacén.
La razón de semejante despliegue de músculo aéreo no era desmantelar un cártel de drogas internacional ni rescatar a un rehén de alto valor, sino arrestar a individuos que, presuntamente, estaban trabajando sin la documentación adecuada. Mientras los comandos aéreos aseguraban la azotea, otros equipos terrestres entraban por la fuerza a través de las puertas del almacén, que contenía miles de litros de helado y postres congelados.
La escena debió ser digna de estudio: por un lado, el rugido ensordecedor de los Black Hawks y la tensión de una unidad de asalto; por el otro, el olor a nata montada y el frío ambiente de una cámara frigorífica llena de tarrinas de dulce. Los críticos del operativo, obviamente, se echaron las manos a la cabeza, señalando que usar miles de euros en equipamiento militar, riesgo de vuelo y tácticas de guerra para una redada laboral simple es, como poco, un uso extravagante del dinero público.
No obstante, lo que queda claro es que si tienes pensado trabajar en EE. UU. sin papeles, quizás sea mejor no hacerlo cerca de donde se guardan los helados más sabrosos. Nunca sabes cuándo van a venir a buscarte en modo ‘Misión Imposible’, pero con mucho más frío de lo habitual.
