La surrealista multa de 200 libras a un abuelo por escupir una hoja de árbol

La surrealista multa de 200 libras a un abuelo por escupir una hoja de árbol
Un abuelo de 70 años ha sido multado con 200 libras esterlinas (unos 230€) por escupir una hoja de árbol en la calle mientras paseaba con su nieta. Un agente municipal lo consideró una infracción por ensuciar la vía pública. Tras negarse a pagar la multa inicial, el caso llegó a los tribunales, donde fue declarado culpable, provocando la indignación del anciano.
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Imagina la escena: un apacible abuelo, Keith Barrett, de 70 años, paseando a su nieta de ocho, Ellie, rumbo al colegio. Un día cualquiera en Dudley, West Midlands. Pero la tranquilidad se rompió por un incidente ‘escalofriante’ que, según parece, puso en jaque la seguridad pública: ¡una hoja! Sí, de árbol.

Resulta que el bueno de Keith, que acababa de comprar un bollo en la panadería, iba tan tranquilo cuando, de repente, una hoja traicionera se coló en su boca. Sin pensárselo dos veces, y con la discreción que le permite la experiencia, la escupió en el suelo. Lo que no sabía es que un agente municipal, con la mirada de un halcón, había presenciado el ‘delito’.

El veredicto inicial fue una multa de 80 libras (unos 92€) por ‘littering’ o, en cristiano, por ensuciar la vía pública. La reacción de Keith fue la esperada: ‘¡es una broma de muy mal gusto!’, exclamó. Estaba que trinaba y tildó la situación de ‘bonkers’, que vendría a ser como ‘una auténtica locura’. ¿Cómo iba a pagar por algo tan absurdo como escupir un trozo de celulosa vegetal?

Al negarse a pagar la multa, el caso se fue a juicio. Y aquí es donde la historia toma un giro digno de guion de comedia. El juez, tras escuchar el testimonio del abuelo y del agente, lo declaró ¡culpable! Así es, la justicia británica sentenció a un hombre de 70 años por atreverse a expulsar una hoja de su cavidad bucal.

La factura final por el ‘crimen’ ascendió a 200 libras (unos 230€), incluyendo la multa de 80 libras, 100 libras en costas judiciales y 20 libras de recargo para las víctimas. Sí, ha leído bien. Costas judiciales por una hoja. El propio Keith, que es un conductor de autobús jubilado, no daba crédito: ‘Esto es un cachondeo total, me hierve la sangre. Quieren multarme por escupir una hoja cuando hay gente escupiendo chicles y toda clase de cosas. ¡Es una hoja, por el amor de Dios!’.

Pero agárrense, que llega lo mejor: la justificación oficial del ayuntamiento de Dudley. Atentos, porque esto es oro puro: ‘Escupir en la calle es un peligro para la salud pública y puede contribuir a la propagación de enfermedades’. ¡Una hoja, señores, una hoja! Al parecer, el ayuntamiento temía una plaga de enfermedades transmitidas por… ¿fotosíntesis? La concejala Hilary Bills, de servicios ambientales, remató la faena declarando que ‘no tolerarán a nadie escupiendo en lugares públicos y los multarán’.

Mientras tanto, la pequeña Ellie, la nieta, estaba preocupada y triste por lo que le había pasado a su abuelo. Moraleja de la historia: si paseas por Dudley y una hoja se te mete en la boca, trágatela, o corre el riesgo de enfrentarte a la temible justicia de las hojas.