
¿Te imaginas una guerra de nervios… por unos baños? Pues agárrate, porque en Texas, la cosa se puso seria (y un poco ridícula) con una de esas leyes que solo pueden surgir en Estados Unidos. Estamos hablando de una disputa de alto voltaje entre el estado de Texas y la vibrante ciudad de Houston, todo por la aplicación de una ley de baños que, digámoslo claro, es más controvertida que un debate sobre quién dejó la tapa del váter subida.
El meollo del asunto es una ley estatal que, sin paños calientes, prohíbe a las personas transgénero usar los servicios públicos que no coincidan con su «sexo biológico» de nacimiento. Sí, has oído bien. Si la naturaleza te dio una cosa al nacer y tú te sientes otra, según esta ley te toca ir al baño que te asignaron en el paritorio. Y si no la cumples, ¡ojo!, porque te pueden multar con hasta 500 dólares. ¡Casi nada!
Pero aquí es donde entra en juego Houston, que es como el David ante el Goliat estatal. La ciudad, liderada por su entonces alcaldesa, Annise Parker, quien además es abiertamente lesbiana (un detalle que añade una capa extra de picante a la historia), decidió plantarle cara al estado de una forma que ha levantado cejas y alguna que otra carcajada. ¿Su mensaje? Un rotundo «aquí no, amigo».
Houston tiene su propia ordenanza, la famosa HERO (Houston Equal Rights Ordinance), que es un escudo de protección para nada menos que 15 clases de personas, incluyendo la orientación sexual y la identidad de género. Es decir, que en Houston, seas quien seas y te sientas como te sientas, puedes ir al baño que mejor te parezca sin miedo a una multa o a miradas raras. La alcaldesa Parker fue muy clara: la ciudad no tiene intención alguna de aplicar la ley estatal, y punto redondo. «No se va a aplicar aquí», sentenció, dejando a Texas con la palabra en la boca.
Claro, que al otro lado del cuadrilátero tenemos al vicegobernador Dan Patrick, que no estaba precisamente encantado con la rebeldía de Houston. Patrick se ha convertido en el abanderado de la ley de los baños, argumentando que la ordenanza de Houston es una «carta blanca» para que hombres (y aquí viene su gran miedo) se metan en los baños de mujeres. Un argumento que, para muchos, suena más a pánico moral que a una preocupación real, y que los defensores de HERO califican de pura y dura «desinformación».
Así que, tenemos un pulso en toda regla. Por un lado, el estado de Texas, empeñado en dictar quién va a qué baño. Por otro, Houston, defendiendo a capa y espada la libertad y la dignidad de sus ciudadanos. Es una situación que bien podría ser el guion de una comedia negra o, como dirían los anglosajones, una noticia «not the onion» (tan absurda que parece de broma, pero es real). La batalla por el retrete en Texas sigue siendo un recordatorio de cómo las leyes pueden, a veces, cruzar la fina línea entre la seriedad y lo absolutamente rocambolesco. Y mientras tanto, en Houston, parece que cada uno sigue haciendo sus necesidades en paz, que es lo importante.
