La surrealista excusa para no ir a currar: fingir un tiroteo en una base naval

La surrealista excusa para no ir a currar: fingir un tiroteo en una base naval
Un empleado de 21 años de la Marina de los EE. UU. en San Diego simuló un tiroteo activo con dos llamadas al 911. ¿Su motivo? No quería ir a trabajar. El incidente provocó un despliegue masivo y pánico, costándole al 'ingenioso' Xavier Tyrell Johnson 180 días de cárcel, libertad condicional, servicio comunitario y una cuantiosa multa.
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Imagina la escena: estás en tu puesto de trabajo en una base naval de lo más tranquila y, de repente, salta la alarma. ¡Tiroteo activo! Pánico, caos, equipos de emergencia desplegándose a toda prisa, la base entera en alerta máxima y el personal temiendo por su vida. Pues eso es exactamente lo que Xavier Tyrell Johnson, un empleado naval de 21 años, provocó en la Base Naval de San Diego. ¿El motivo detrás de semejante locura? Agárrense fuerte, que la cosa tiene telita: simplemente no le apetecía ir a trabajar.

El pasado 14 de septiembre de 2017, Johnson, ni corto ni perezoso, descolgó el teléfono y marcó el 911 en dos ocasiones, alertando sobre un supuesto tirador suelto en las instalaciones. Las autoridades, como es lógico, tomaron la amenaza muy en serio. La Naval Criminal Investigative Service (NCIS), la policía del Pentágono y otros cuerpos se movilizaron en cuestión de minutos. La base se cerró a cal y canto, las operaciones se paralizaron y la tensión era palpable en el ambiente.

Después de un despliegue monumental, con agentes armados peinando cada rincón y sin encontrar ni rastro del tal tirador, los investigadores empezaron a tirar del hilo. Y, para sorpresa de nadie, la farsa se vino abajo. Fue entonces cuando Johnson, probablemente con la cara tan roja como un tomate, tuvo que confesar la verdad: se había inventado todo porque tenía una pereza tremenda de ponerse el uniforme ese día. Sí, han leído bien. Un tiroteo activo, la movilización de recursos de seguridad, el miedo colectivo… todo por una simple y llana pataleta de “no me apetece currar”.

Claro, que las consecuencias de su ‘genial’ idea no se hicieron esperar. El bueno de Xavier se declaró culpable de hacer un informe falso y la factura le salió bastante más cara que cualquier día de trabajo perdido. El juez lo sentenció a 180 días en la cárcel del condado, tres años de libertad condicional, 100 horas de servicio comunitario (para que se entretenga) y, lo mejor de todo, le obligó a pagar a la Marina la friolera de 3.588 dólares para cubrir el coste de la respuesta de emergencia que provocó. Es decir, que no solo no se libró de ir a trabajar, sino que le salió la broma por un pico y con antecedentes penales de regalo. La próxima vez, quizás un simple “me duele la cabeza” sea suficiente… o que pida el día libre como todo el mundo.