
Hay gente con suerte, y luego está Alvin Copeland. Este vecino de Suffolk, en Virginia, ha demostrado que el dicho de que un rayo no cae dos veces en el mismo sitio es, como mínimo, debatible. Resulta que el bueno de Alvin se ha llevado a casa un millón de dólares gracias a un boleto de rasca y gana de la Lotería de Virginia. Hasta aquí, todo normal. Una historia feliz, sin más.
Pero la cosa se pone interesante cuando echamos la vista atrás. Concretamente, cuarenta años atrás. En 1984, cuando los calentadores y la laca dominaban el mundo, Alvin ya se había embolsado su primer premio importante: 10.000 dólares de la época, que no estaban nada mal. Desde entonces, como él mismo ha contado a los responsables de la lotería, ha estado jugando «religiosamente», demostrando una fe y una constancia dignas de estudio.
Su persistencia, finalmente, ha tenido una recompensa de siete cifras. El boleto ganador, un ‘Hit the Jackpot’, lo compró en un 7-Eleven de la localidad de Portsmouth. Al rascarlo, la sorpresa debió de ser mayúscula. La Lotería de Virginia le dio a elegir: o recibir el millón de dólares repartido en cómodos plazos durante 30 años, o llevarse un único pago de 657.030 dólares antes de que Hacienda pasara a saludar. Alvin, práctico como él solo, optó por el dinero contante y sonante. Cuarenta años de paciencia bien valen un premio así.
