
¿Te imaginas una reunión en la oficina donde, de repente, la jefa de la agencia de derechos laborales saca su barita mágica y dice: ‘¡Eureka! Ya sé cómo conseguir la igualdad en el trabajo’? Pues algo así, pero un pelín más polémico, es lo que parece haber ocurrido en Estados Unidos. La protagonista de esta historia es Laura Fortman, una figura importante en la División de Salarios y Horas del Departamento de Trabajo, nombrada por la administración Obama, que decidió compartir su peculiar visión en una conferencia en Washington D.C.
El titular es de esos que te hacen levantar una ceja y pensar: ‘¿En serio?’. Fortman, ni corta ni perezosa, se dirigió a los asistentes para animar a los hombres blancos a dar un ‘paso a un lado’ y, atención, ‘aceptar menos’ en sus carreras. ¿La razón? Para, según ella, hacer espacio a mujeres y minorías y así derribar las famosas ‘barreras estructurales’ que impiden la diversidad y la inclusión. Vamos, que su plan para el equilibrio de poderes pasaba por un ‘¡quítate tú para ponerme yo!’ con un toque de ‘¡y cobra menos si eso!’.
La cosa no quedó ahí. La idea de Fortman, que viene de un currículum en el que figura como excomisionada de Trabajo de Maine y con experiencia en grupos de lobby femenino, iba más allá. En su discurso, sugirió que, para que las cosas cambiaran de verdad, los hombres blancos en puestos bien remunerados deberían simplemente bajarse del carro y permitir que otros ocuparan su lugar. Como si de un altruismo laboral se tratara, pero con un guion un poco… ¿forzado?
Obviamente, la receta no fue del gusto de todos. Los sectores conservadores no tardaron en poner el grito en el cielo, calificando la propuesta de ‘racista y sexista’. La congresista republicana Michele Bachmann no se anduvo con rodeos y sentenció que se trataba de ‘racismo, sexismo y fanatismo’ en estado puro. Y claro, viniendo de la cabeza de una agencia que supuestamente vela por los derechos de *todos* en el ámbito laboral, la cosa tenía su guasa.
Así que, mientras la administración de Obama por aquel entonces impulsaba iniciativas para la ‘igualdad salarial’ y la diversidad, la señora Fortman añadía su granito de arena, o quizás su granada de mano, a la conversación. Una historia que nos deja reflexionando sobre las mil y una formas (algunas más directas que otras) en las que se busca la ansiada igualdad en el curro. Al menos, consiguió que se hablara del tema, ¿no?
