
En pleno siglo XXI, con tanta tecnología a nuestro alcance, uno podría pensar que el mayor peligro de ver la tele es acabar con dolor de cuello o una adicción a las series. Pero la historia de Verian Aguilar-Sims, de 24 años y residente en California, nos demuestra que la vida, y sobre todo la publicidad digital, siempre guarda alguna sorpresa. Y no precisamente una agradable.
Era una tarde como cualquier otra en casa de los Sims. Verian y su marido, Andrew, estaban tranquilamente disfrutando de su Smart TV, ese electrodoméstico todoterreno que nos conecta con el mundo (y con miles de anuncios). De repente, en medio de la programación, apareció un spot publicitario de ‘Pluribus’, una aplicación de realidad virtual de Oculus (que por entonces era de Facebook, ahora Meta). Y aquí es donde la cosa se pone interesante: el anuncio era un auténtico festival de luces, con «imágenes coloridas que cambiaban rápidamente» y un efecto estroboscópico digno de una discoteca noventera.
El problema es que Verian no es solo una espectadora más; padece epilepsia fotosensible. Y, como era de esperar, ese despliegue visual se convirtió en el desencadenante perfecto para una convulsión. La pobre Verian cayó al suelo, golpeándose la cabeza de mala manera. Su marido, Andrew, la encontró convulsionando y en un pis pas, la noche tranquila se fue al traste, acabando en una visita exprés y de emergencia al hospital.
El resultado: una conmoción cerebral, unos cuantos moratones y, para rematar, una noche en observación hospitalaria. ¡Menuda factura por ver un anuncio! Andrew, comprensiblemente preocupado, se mostró indignado. ¿Cómo era posible que un anuncio en una tele, un dispositivo tan común, pudiera causar un daño tan grave?
La ironía de todo esto es que los cascos de realidad virtual de Oculus ya incluyen advertencias sobre el riesgo de convulsiones fotosensibles. Sin embargo, parece que a la hora de emitir su publicidad por otros canales, esa precaución se quedó en el tintero. Facebook (ahora Meta) se apresuró a pedir disculpas, asegurando que estaban «investigando» el incidente y revisando sus «políticas publicitarias». Suena a «ops, esto no lo vimos venir», ¿verdad?
La pareja, con toda la razón del mundo, se está planteando acciones legales. Y es que no es para menos. Este caso abre un debate importante: ¿dónde está el límite de la publicidad digital? ¿Deberían las Smart TVs tener advertencias o filtros para este tipo de contenido? Lo que empezó como un simple anuncio acabó en una cama de hospital, recordándonos que, a veces, la tecnología más avanzada puede tener consecuencias que nadie esperaba. Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis un anuncio con lucecitas, quizás sea buena idea parpadear un par de veces… por si acaso.
