La revolucionaria idea de un líder conservador: que las mujeres voten

La revolucionaria idea de un líder conservador: que las mujeres voten
Pete Hegseth, líder de un grupo de veteranos en EE.UU., ha hecho un anuncio histórico: apoya el derecho al voto de las mujeres. La revolucionaria propuesta, que llega con casi un siglo de retraso, busca modernizar su partido, aunque con una pequeña condición: que voten 'correctamente'.
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En un giro de los acontecimientos que ha dejado al mundo boquiabierto, o al menos a quienes acaban de despertar de un coma de cien años, el líder conservador estadounidense Pete Hegseth ha dado un paso de gigante hacia la modernidad. Abróchense los cinturones: ha declarado públicamente su apoyo al derecho al voto de las mujeres.

Pete Hegseth, por aquel entonces director de la organización Concerned Veterans for America, decidió que ya era hora de que su partido, el Republicano, se pusiera ‘al día’. En una declaración que resonará en los anales de la historia (o no), afirmó que era el momento de abrazar por fin la Decimonovena Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, esa pequeña ley aprobada en 1920 que, básicamente, permitía votar a la mitad de la población. Una idea rompedora, sin duda.

El objetivo de esta audaz maniobra, según explicó el propio Hegseth, era atraer al ‘codiciado grupo demográfico femenino’. Una estrategia de marketing político de vanguardia. Sin embargo, como todo buen plan, venía con una pequeña letra pequeña, un matiz, un ‘pero’ del tamaño de un elefante en una cacharrería. Hegseth apoya el derecho al voto de las mujeres, sí, pero ‘siempre y cuando voten por los candidatos correctos’. Un detalle sin importancia, claro.

La noticia, como era de esperar, causó un tsunami de reacciones. La líder demócrata Nancy Pelosi, visiblemente conmocionada por tan progresista declaración, le dio la bienvenida al siglo XX. Mientras tanto, dentro de la propia organización de Hegseth, el debate estaba servido. Un miembro sénior, preocupado por la deriva de los acontecimientos, expresó su temor: ‘lo siguiente será que quieran dejar de hacerme los sándwiches y empezar a tener opiniones’.

Para rematar la faena, el Pentágono, al ser consultado sobre este tema de vital importancia para la seguridad nacional, se lavó las manos. Un portavoz declaró que no tenían una ‘posición oficial’ sobre el derecho al voto de las mujeres. Y así, con esta valiente declaración de intenciones, el mundo siguió girando, un poquito más desconcertado, pero también un poquito más divertido.