
A ver, seamos sinceros: cuando piensas en el héroe que captura al criminal más escurridizo de la nación, te imaginas a un inspector curtido, quizás un equipo SWAT… Pero en Escocia, en 1980, el honor se lo llevó una miss. Sí, una reina de la belleza, concretamente Elspeth Campbell, Miss Escocia de 1978. La prueba definitiva de que los héroes vienen en todas las tallas y con todo tipo de coronas.
Elspeth, después de su paso por el glamur del certamen, se dedicaba a algo un poco más terrenal, pero igualmente importante: trabajaba como recepcionista en el Holiday Inn de Glasgow. Mientras tanto, las fuerzas del orden escocesas estaban al borde de un ataque de nervios, buscando desesperadamente a John Cunningham. ¿Y quién era Cunningham? Nada menos que un asesino convicto y el fugitivo más buscado de Escocia en ese momento, un tipo que se había esfumado de la prisión de Peterhead hacía ya cinco largos meses, dejando a la policía en evidencia.
La tensión era palpable en el ambiente, pero la rutina en la recepción seguía con normalidad. Un día, un huésped se registró con un nombre bastante anodino: ‘J. Scott’. Un nombre que no levantaría sospechas a simple vista. Sin embargo, Elspeth Campbell no era una recepcionista cualquiera. Y aquí viene el giro digno de guion de Hollywood (pero real, ojo).
Resulta que Elspeth salía en ese momento con un inspector detective. Y ya sabéis cómo funcionan los cotilleos policiales. Su novio, ni corto ni perezoso, le había enseñado la foto de Cunningham. Quizás para que ella estuviera al tanto de las caras ‘calientes’ o simplemente como un apunte informal. La cosa es que Elspeth tenía la imagen del asesino grabada a fuego en su memoria.
Cuando ‘J. Scott’ apareció en el mostrador, Elspeth le echó un vistazo rápido y su cerebro hizo ‘clic’. ¡Era él! El John Cunningham de los carteles de ‘Se Busca’, pero con ropa de calle y fingiendo total inocencia. En lugar de armar un escándalo o correr a gritar, lo que probablemente habría acabado mal con un fugitivo peligroso, Elspeth demostró una sangre fría que ya le gustaría a James Bond.
Le asignó su habitación (la 625, para más detalles), mantuvo la calma y esperó el momento oportuno. Luego, se deslizó hasta su gerente y, con un susurro dramático, le soltó la bomba: ‘Creo que nuestro huésped de la 625 es John Cunningham, el asesino fugado’.
El gerente, que seguramente pensó que Elspeth había visto demasiadas series policíacas, contactó con la policía. Al principio, debieron de ser escépticos: ¿una pista crucial de una ex Miss en un hotel de lujo? Pero la corroboración fue rápida. La policía llegó en masa, subió discretamente a la planta seis y arrestó a Cunningham sin que mediara violencia ni alboroto. ¡Cazado! Y todo gracias al extraordinario reconocimiento facial de Elspeth. El Jefe de la Policía no escatimó en agradecimientos, destacando que la rápida y discreta acción de Elspeth había evitado que el peligroso fugitivo continuara libre, previniendo así posibles tragedias. Sin duda, un título mucho más impresionante que el de ‘Miss Simpatía’.
