
George Kittle, la estrella de los San Francisco 49ers, no solo es conocido por su dominio en el campo, sino también por una personalidad que, digamos, no se rige por las reglas estándar. Recientemente, Kittle compartió su secreto para enfrentarse a esos molestos resfriados de temporada alta que acechan a los atletas, especialmente durante los largos vuelos de la NFL.
En lugar de recurrir a los remedios tradicionales como paracetamol o spray nasal, Kittle optó por lo que él denomina un ‘coñac medicinal’. Sí, estamos hablando de Jägermeister, pero el jugador no se anduvo con chiquitas. Según relató, ante un resfriado particularmente molesto que le impedía respirar, decidió que la dosis estándar no iba a ser suficiente.
Armado con una botella entera de este licor de hierbas, que muchos consumimos en chupito congelado, Kittle se la bebió sin contemplaciones en el avión. La lógica detrás de esta gesta era simple, aunque químicamente dudosa: el potente alcohol y las hierbas del Jäger abrirían sus conductos nasales y torácicos. “Me curó el resfriado al cien por cien. Pude respirar de nuevo”, afirmó Kittle, defendiendo su dudosa práctica médica.
Aunque el objetivo de despejar las vías respiratorias se logró—probablemente mediante una combinación de adormecimiento del sistema nervioso y la fuerza bruta del licor—, los resultados secundarios fueron, como era de esperar, algo más movidos. Kittle admite que, si bien el catarro se fue, el aterrizaje fue “algo espectacular” y el resto del viaje se borró de su memoria. Es la prueba de que, para algunos atletas de élite, la medicina tradicional es demasiado aburrida. Eso sí, los expertos en salud desaconsejan fuertemente este método, a menos que busques acabar la jornada dándole abrazos a la azafata.
