
En un giro argumental que ni la mejor serie de televisión sobre medicina alternativa se atrevería a plantear, una anciana residente en Gulu, Uganda, ha acabado ingresada en el hospital por culpa de un remedio casero (o más bien, de charca) para su dolor crónico de espalda. Y es que el secreto para la curación, según parece, pasaba por la ingesta de nada menos que ocho ranas pequeñas y vivas.
La señora sufría un dolor de espalda tan intenso que estaba dispuesta a probar prácticamente cualquier cosa. Fue entonces cuando acudió a una curandera o herbolaria tradicional local, conocida como Laker, cuya recomendación no era precisamente un ungüento de hierbas. Laker le aseguró que su dolor no era muscular, óseo o nervioso, sino la manifestación física de ocho ‘espíritus malignos’ que se habían alojado en su cuerpo. Y claro, si hay espíritus malignos, ¿quién mejor para absorberlos que un pelotón de anfibios vivos? ¡Lógica aplastante!
Siguiendo las instrucciones al pie de la letra, la paciente se zampó los ocho animalitos de una sentada, con la esperanza de que estos realizaran una especie de exorcismo intestinal. Sin embargo, en lugar de sentir alivio, poco después de la ‘operación’ empezó a experimentar dolores abdominales y calambres dignos de una película de terror. El dolor fue tan insoportable que tuvo que ser trasladada de urgencia al Hospital de Referencia Regional de Gulu.
Los galenos del hospital, acostumbrados a ver de todo, se quedaron ojipláticos cuando descubrieron la causa real del sufrimiento de la mujer. No, no eran espíritus malignos. Era, efectivamente, el resultado de haber tragado ocho ranas vivas. Los médicos actuaron rápidamente, estabilizaron a la paciente y, por suerte, la señora se recuperó sin mayores problemas que el disgusto de haber pasado por semejante odisea gástrica y la frustración de seguir con el dolor de espalda.
El incidente ha servido para que las autoridades sanitarias de la zona recuerden, una vez más, los peligros de recurrir a remedios tradicionales no verificados y que, aunque el yoga o la fisioterapia puedan parecer aburridos, son infinitamente menos peligrosos que utilizar el esófago como acuario personal.
