
Imagina la escena: la policía de Bullitt County, en el glorioso estado de Kentucky, se encontraba realizando una parada rutinaria en la Interestatal 65. El típico control de tráfico que podría pasar sin pena ni gloria, excepto por un pequeño detalle que lo convirtió en material de hemeroteca: el cargamento que llevaban los ocupantes del coche detenido era digno de un concurso de disfraces en el mundo del narcotráfico.
Los agentes hicieron un descubrimiento que demostraba, sin lugar a dudas, que los narcos de la zona tienen un talento oculto para el diseño de packaging y un amor desmedido por los aperitivos. Dentro del vehículo, encontraron nada menos que 50 libras, o lo que es lo mismo, unos impresionantes 22,7 kilogramos de metanfetamina. ¿Y cómo estaban empaquetadas estas sustancias ilegales? Pues no en aburridos bloques de plástico, sino disfrazadas de bolsas gigantes de Doritos. Sí, como lo lees.
Al parecer, los traficantes habían invertido tiempo, esfuerzo y un sentido del humor peculiar en crear unos envoltorios casi idénticos a los del famoso snack de maíz con sabor a queso. El objetivo era intentar pasar el cargamento como si fueran provisiones para un fin de semana épico… o quizás para alimentar a un ejército de frikis de los Doritos. La metanfetamina estaba moldeada en ladrillos y envuelta minuciosamente con logos, el arte gráfico de la marca de patatas fritas y, seguramente, mucha esperanza.
La policía, claro está, no cayó en el truco (por muy buena que fuera la imitación, 22 kilos de Doritos de una pieza no son muy habituales) y detuvo a los dos ocupantes del vehículo por tráfico de drogas. Resulta que, por muy ingenioso que fuera el envoltorio, llevar semejante cantidad de meta en la I-65 sigue siendo delito. Una pena que tanto arte conceptual acabe en el almacén de pruebas, pero al menos nos deja una historia épica para el anecdotario policial. Lo que nos queda claro es que los traficantes se tomaron muy en serio el concepto de ‘disfraz’ en su operación.
