
¡Que se preparen los perfumistas de lujo, porque su ingrediente estrella acaba de protagonizar un drama policial de película! En la tranquila (o no tanto) ciudad de Ahmedabad, India, la policía ha metido en el trullo a un tipo que, lejos de llevar drogas o joyas robadas, traficaba con algo mucho más… orgánico y peculiar: ámbar gris. Para que nos entendamos, estamos hablando del famoso «vómito de ballena». Sí, como lo oyes.
Este hombre, que seguramente soñaba con ser el proveedor oficial de Chanel, fue interceptado con una cantidad ingente de esta preciada y extraña sustancia. La policía local, junto al Equipo de Control de Delitos contra la Vida Silvestre (¡menudos nombres tienen!), le echó el guante. Y la razón es simple: el ámbar gris está valorado en la friolera de 3,3 crore de rupias. Si esto lo pasamos a euros para que nos dé un mareo más efectivo, hablamos de más de 365.000 pavos. Casi medio millón de euros en algo que sale del estómago de un cachalote.
Ahora bien, ¿por qué es tan valioso este «regurgito»? El ámbar gris no es una simple babita de pez; es una secreción intestinal que producen los cachalotes para proteger sus entrañas de los picos afilados de los calamares gigantes que engullen. Después de un tiempo flotando en el océano, esta masa se cura, se endurece y adquiere un olor dulce, terroso y persistente que es oro líquido (o sólido, en este caso) para la alta perfumería. Actúa como un fijador de fragancias de primera, haciendo que tu colonia de 300 euros dure lo mismo que un matrimonio feliz.
El problemón para nuestro emprendedor indio es que, a pesar de su valor, la Ley de Protección de la Vida Silvestre de India se lo ha tomado muy a pecho. Como el origen del producto es animal y se considera un subproducto marino protegido, su comercio está prohibido. Así que, aunque el tipo no mató a la ballena (probablemente encontró el material flotando), el simple hecho de poseer y traficar con este «tesoro náutico» le ha valido una celda. En resumen: un plan de negocio basado en la caca/vómito de cachalote que prometía un retiro dorado, ha acabado con este señor en el calabozo. Una historia con mucho aroma a delito y, curiosamente, a perfume caro.
