La policía norcoreana aprende a pedir sobornos con modales exquisitos

La policía norcoreana aprende a pedir sobornos con modales exquisitos
La policía de tráfico de Corea del Norte ha adoptado una curiosa y civilizada estrategia para la corrupción. En lugar de exigir sobornos agresivamente a los taxistas ilegales, ahora utilizan un "lenguaje más suave" y hacen peticiones amables para conseguir dinero o regalos, buscando evitar quejas y castigos por mala conducta.
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En un giro que mezcla la ironía política con el humor negro, parece que la policía de tráfico norcoreana ha decidido implementar una especie de curso intensivo de etiqueta en la extorsión. Olvidad las amenazas a gritos y los cacheos violentos: ahora, los agentes del Departamento de Seguridad de Tráfico de Pionyang y alrededores han sido instruidos para practicar la corrupción con una sonrisa y, lo más importante, con muchísimos modales.

La situación afecta principalmente a los llamados ‘servidores de servicio’ o taxis privados ilegales, que proliferan ante la deficiente red de transporte público del país. Históricamente, estos conductores eran el blanco perfecto para los agentes, que exigían sobornos (ya fueran pequeñas sumas de dinero, regalos o incluso invitaciones a comidas) de forma directa y agresiva.

Pero, ¡ay!, la agresividad tiene consecuencias, incluso en la RPDC. Aparentemente, las quejas sobre el comportamiento rudo y la codicia descarada de los agentes estaban llegando a los oídos equivocados, resultando en castigos y sanciones para los policías menos discretos. Así que, en lugar de erradicar la corrupción (que sería pedir peras al olmo), la solución de la cúpula fue mucho más práctica: hagamos que la corrupción sea más ‘gentil’.

El nuevo lema parece ser ‘pedir, no exigir’. Los agentes han sustituido las amenazas por peticiones amables, utilizando un lenguaje más suave y formas indirectas para solicitar su ‘pago por servicio’. Aunque el resultado final (el soborno) es exactamente el mismo, el cambio de tono ha generado desconcierto entre los propios conductores ilegales. Por un lado, se sienten aliviados de no tener que enfrentarse a la ira policial; por otro, saben que la gentileza es solo una capa fina sobre una extorsión perfectamente organizada. Es la corrupción con protocolo, la cortesía al servicio de la caja B. Un ejemplo claro de cómo, en algunos lugares, lo que se castiga no es el delito, sino la mala educación al cometerlo.