La pistola de ‘juguete’ en el jardín que dio un buen susto al vecino

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Imagina la escena: dos jardineros, en un día cualquiera, se afanan en su labor bajo el sol de Sanford, Florida. Palas, rastrillos, la rutina habitual… hasta que, bajo un montón de hojarasca, algo capta su atención. ¡Un hallazgo! ¿Será un tesoro? ¿Quizás una reliquia? No, nada de eso. Lo que nuestros protagonistas descubrieron era, ni más ni menos, que una pistola.

Pero claro, ¿quién dejaría una pistola de verdad tirada así como así en un jardín? La lógica (o quizás la falta de ella en el momento) les hizo pensar que se trataba de un inofensivo juguete, una réplica o una broma. Nuestros intrépidos jardineros, de 27 y 33 años, con la curiosidad a flor de piel, no dudaron en coger el supuesto objeto de plástico.

Y aquí es donde la historia da un giro inesperado, digno de una comedia de enredo… pero con consecuencias muy reales. Lo que creyeron que era un simple juguete era, en realidad, una genuina pistola del calibre .22. Sí, de las que disparan balas de verdad.

Uno de ellos la manipuló, y de repente, ¡BOOM! Un estampido seco rompió la tranquila mañana. La pistola se disparó. La bala, con una puntería que ni el mejor francotirador de película, encontró su destino en el brazo de Mark Alan Smith, un residente de 52 años que, ajeno a todo este drama «juguetero», se encontraba tranquilamente en su garaje. ¡Menuda forma de empezar el día!

Inmediatamente, la calma se esfumó para dar paso a las sirenas. Mark fue trasladado de urgencia al Central Florida Regional Hospital. Por suerte, las heridas no eran mortales, lo cual convierte este suceso de tragedia potencial a anécdota (un poco sangrienta, eso sí) para contar en las reuniones familiares. La policía de Sanford se hizo cargo de la investigación, concluyendo lo que ya se intuía: fue un accidente. Sin malicia, sin intención, solo una serie de desafortunados eventos. Por ello, no se esperan cargos.

La moraleja, amigos, es clara: antes de recoger cualquier cosa sospechosa del jardín, ¡aseguraos bien de que no tiene gatillo! No vaya a ser que vuestro próximo «tesoro» os dé un susto… o algo peor.